Showing posts with label Susan Sontag. Show all posts
Showing posts with label Susan Sontag. Show all posts

Saturday, October 1, 2011

Susan Sontag según Annie Leibovitz / El ojo enamorado


El ojo enamorado
Fotografías íntimas de Leibovitz sobre Sontag

La mayoría de las fotografías personales que componen Annie Leibovitz, A Photographer’s Life, 1990-2005 (una exposición y un libro que tienen el mismo nombre) habían permanecido en cajas repletas de películas que su autora, la fotógrafa norteamericana Annie Leibovitz no había revelado. Y entre ellas, la narración fotográfica de su historia de amor.

Por Belén Sáez de Ibarra
Revista Arcadia





Annie Leibovitz
           
Susan Sontag fue una polémica intelectual de su tiempo. Conocida ampliamente por todo tipo de públicos y respetada por el círculo intelectual contemporáneo, utilizó sobre todo el ensayo para ocuparse del más amplio espectro de la vida social: el arte, la cultura, la economía y la política. Controvertida por sus declaraciones y participaciones públicas; crítica de la política de seguridad internacional de su país Norteamérica, del que decía estar avergonzada –“En Estados Unidos sólo podría vivir en Manhattan porque aquí viven muchos extranjeros”–, causó polémica cuando corresponsabilizó a los líderes norteamericanos de la devastadora tragedia del 11 de septiembre de 2001, en Nueva York, y la condena a la decisión de enviar tropas norteamericanas a Oriente Medio y la invasión a Irak. Por esas opiniones fue acusada por influyentes columnistas de traidora y se esparció un rumor que la apodaba Osama Bin Sontag.
“Con Susan fue una historia de amor”, ha dicho Leibovitz. Se conocieron en 1988 en el registro fotográfico que le hacía Leibovitz a Sontag para la contraportada del libro El Sida y sus metáforas, una especie de continuación del libro publicado en 1978, La enfermedad y sus metáforas, en el cual Sontag se ocupó de desocultar nuestras más naturalizadas creencias sobre la enfermedad en nuestro cuerpo, explorando en el lenguaje y la literatura de una forma sencilla –con un estilo directo y diáfano– referencias e imágenes de nuestra cultura esparcidas en la cotidianidad. Sontag convivió hasta su muerte con diferentes formas de cáncer a partir de la mitad de los años setenta. Consideró el cáncer y el sida de especial interés como enfermedades atravesadas por la falsa idea de una muerte inevitable –enfermedades mortales– y cargadas de metáforas negativas de derrota y de vergüenza sobre las que no se podía hablar, las cuales había que evitar por feas y decadentes, desprovistas de romanticismo y espiritualidad.
Hace poco, en un reportaje de la BBC, Leibovitz recordaba ese primer encuentro con Sontag. Ella se mostraba segura, se conocía muy bien a sí misma y tenía bajo control la sesión de retratos que se disponían a iniciar, “Ella decidió entonces que me iba a conocer”. De ahí en adelante se hicieron pareja hasta la muerte de Sontag, ocurrida en diciembre del 2004. Una relación íntima de apoyo y de crítica.
Tal vez sin conocer este prólogo sería imposible comprender por qué, al morir Sontag, Leibovitz se consagró a una exposición y un libro que causaron polémica porque mostraban la imagen de la de la enfermedad y la muerte de una manera descarnada. Leibovitz comenzó a trabajar en un momento muy doloroso: después de la muerte de Sontag, falleció su padre y poco tiempo después nacieron dos de sus hijas. La preparación de la exhibición fue fundamentalmente un proceso de duelo. De ahí el enfoque personal de la muestra y del libro que son una experiencia de recogimiento sobre su experiencia vital que incluye su trabajo profesional. “Porque mi vida es una sola”: Así lo cuenta en la introducción del libro, en la cual insiste en que estas imágenes –que incluyen también las de su padre en el lecho de su muerte– pertenecen a la vida de sus seres amados. Leibovitz considera estas fotos personales más ricas y cercanas a su estilo de trabajo como artista en la Escuela de Bellas Artes de San Francisco en la que se formó: “Más vivo y descarnado… Me percaté de que mi trabajo profesional había perdido inmediatez y era más superfluo”, le dijo a Vanity Fair, en junio de 2009.
El hijo de Sontag, David Rieff, criticó duramente la exhibición de las fotografías de su madre agonizante. Leibovitz asegura como respuesta a las innumerables preguntas que se le han hecho sobre la polémica que Sontag habría estado de acuerdo en mostrar las fotografías: “A ella siempre le gustó el debate. Hablar sobre las cosas. Seguro que pensaría que esto (la enfermedad) es algo que pasa en la vida; entonces está bien mostrarlo”.
Nuestra cultura visual –en donde no solamente juegan un papel las industrias mediáticas sino también las prácticas artísticas– está llena de imágenes duras en donde se trafica con el dolor de los otros sin ningún pudor: en ese tipo de imágenes no existe contexto, la vida está ausente en ellas. Al decir del filósofo francés Guy Debord, en su libro La sociedad del espectáculo, de 1969: “Las imágenes que se han desprendido de cada aspecto de la vida se fusionan en un curso común, donde la unidad de esta vida ya no puede ser restablecida. La realidad considerada parcialmente se despliega en su propia unidad general en tanto que seudo-mundo aparte, objeto de mera contemplación. La especialización de las imágenes del mundo se encuentra, consumada, en el mundo de la imagen hecha autónoma, donde el mentiroso se miente a sí mismo. El espectáculo en general, como inversión concreta de la vida, es el movimiento autónomo de lo no-viviente”.
Las imágenes de Sontag lejos de encarnar la indigna parodia del espectáculo, nos acercan a la humanidad que habita en ellas, aproximándonos a un cuerpo amado: cuando Leibovitz captura estas imágenes con la ansiedad de retener un instante de intimidad. Están acompañadas por la secuencia de registros de una vida en común con ese cuerpo. En la exposición-libro aparecen fotografías de Sontag desnuda, con su cuerpo maduro, erotizado por un lente que ve y se siente conmovido más allá de lo que aparece.
Mostrar un cuerpo enfermo no es cosa de nuestros días, pues el lenguaje de nuestro tiempo no da cabida a la humanidad de la herida. Pero es necesario. No hay que sentir vergüenza de nuestros cuerpos insanos y de nuestra finitud. No somos parte de un engranaje perfecto; la vida nos hiere con su roce. Esa es nuestra condición. El teórico español de Estudios Visuales José Luis Brea, lo expresa profundamente en su texto “Muestra tus heridas” de 1994, “…Nos sabemos heridos, los unos en los otros, y todos en el mundo. Pero no queremos, ya, hacer de todo esto un drama. Traemos con nosotros heridas –incontables heridas: la historia de la humanidad es la de sus campos de batalla– pero ni queremos regodearnos en el lecho fácil de su narración inmunda, ni pretendemos entonar las virtudes salvíficas de algún universal remedio. No nos queda ya mucha esperanza, pero tampoco nos entregamos a la amarga melancolía de la convalecencia. Mostrar, esto es todo. Una herida es siempre un territorio límite, escapado a su destino. Y el hombre, sí, es la herida del mundo, su extravío. Que el hombre muestre su herida, que se muestre a sí mismo como herida –esto es necesidad y honradez. Y no hay cura en ello, pero tampoco lamento puro: sino conocimiento, conocimiento de sí, de uno mismo, de sus lugares, sus territorios, sus límites, sus pliegues y sus rompimientos, de sus heridas. Imaginar un cuerpo todo hecho de heridas, de órganos que fallan a su misión. A dónde dirige sus funciones, cómo sobrevive. Sólo el hombre es capaz de existir herido, sólo para él la herida es condición… Muestra tus heridas, sí: sólo ellas son tu verdad”.
Leibovitz siempre logra sorprender. Quizá por la honestidad de su mirada que no conoce fórmulas. Esta fotógrafa ha registrado durante su carrera escenas glamorosas, cuerpos plenos de juventud y destreza, la pulsión del carácter de interesantes personajes de nuestra cultura. Nos enseña ahora con estas fotos de su intimidad –que parecen casi una caricia– cómo el paso del tiempo, la enfermedad y la muerte no pueden arrancarles belleza a los cuerpos que amamos.
            Annie Leibovitz es una de las más celebres “fotógrafos” de nuestro tiempo y una de las pocas mujeres reconocidas en su oficio. Por eso es forzoso utilizar el género masculino de la palabra. Por su lente fotográfica ha pasado una representativa parte de la historia de Estados Unidos de los últimos cuarenta años: artistas, músicos, bailarines, fotógrafos, poetas, actores, intelectuales, líderes, políticos, empresarios y celebridades. Si no ha escuchado su nombre habrá visto al menos alguna de sus fotografías. ¿Recuerda a John Lennon desnudo, de costado, vulnerable, rodeando estrechamente con sus brazos y piernas a Yoko Ono; aferrado a ella, a su explayada cabellera negra, acostados en el suelo, ella vestida de suéter negro y jeans, serena y poderosa? Esta fotografía le ha dado la vuelta al mundo no sólo por la no convencional forma de exponer la relación íntima de la pareja que causó hondo malestar entre los músicos de los Beatles, sino porque fue tomada horas antes del asesinato de Lennon, en 1980. Las fotos de Leibovitz han aparecido desde entonces, aun sin saberlo, cientos de veces frente a nuestros ojos. Revistas como Rolling Stone, Vogue, Vanity Fair le han comisionado por décadas fotografías para portadas y reportajes que se han convertido en íconos de la cultura.


SUSAN SONTAG
Fotografías de Annie Leibovitz















Thursday, September 29, 2011

Susan Sontag / La vida secreta

Susan Sontag
Fotografía de Annie Leibovitz
La vida secreta de Susan Sontag

Sacó los colores durante décadas a la sociedad norteamericana, pero protegió férreamente su intimidad y mantuvo casi en secreto su relación con la famosa fotógrafa Annie Leibovitz. Tras su muerte, los detalles empiezan a salir a la luz.

Por Ferran Viladevall
Los Angeles (EEUU)
El Mundo, 2 de Enero de 2005


Susan Sontag, 1988
Fotografía de Annie Leibovitz

Era una mujer pública pero pocos conocían sus intimidades. Hablaba claro y con bravura, pero se mostraba vaga y escurridiza cuando se trataba de descubrir su lado más personal. Días después de los ataques del 11-S, por ejemplo, arremetió contra la ceguera patriótica: «En temas de coraje, se puede decir lo que sea de los culpables de la masacre, pero no que fueran cobardes». Ella planteó la pregunta que ha estado flotando en el ambiente desde la tragedia: «¿Dónde está el reconocimiento de que esto no fue un ataque cobarde a la civilización o a la libertad o a la humanidad o al "mundo libre", sino un ataque al autoproclamado superpoder; ejecutado como consecuencia de las alianzas específicas y acciones de América?»
Pero Sontag ya tenía experiencia en sacar los colores a los que crean conflictos. Cuando la guerra de Vietnam, acusó a la raza blanca de «ser el cáncer de la historia humana». Irónicamente sería otro cáncer -una leucemia-, lo único que ha podido hacerla callar.

Susan Sontag 1993
Fotografía de Annie Leibovitz

 ¿Quién era Susan Sontag? Se sabe que estaba unida a la fotógrafa estadounidense Annie Leibovitz, una relación que duró tres lustros. Leibovitz es toda una institución que se hizo un nombre con sólo 31 años al fotografiar a un John Lennon desnudo abrazado a Yoko Ono para la revista Rolling Stone. Una instantánea hecha sólo horas antes de que Lennon fuera asesinado.
           Pero a pesar de ser puntos de referencia de la cultura y las letras, ambas guardaron celosamente los detalles de su relación.Aunque se sabe que vivían en pisos separados en el mismo edificio de Chelsea, en Manhattan.
         
Annie Leibovitz

            Hace tres años cuando Leibovitz dio a luz por cesárea a Julia Margaret Cameron, su primera y única hija, organizaron una fiesta conjunta para celebrar el evento. Sólo acudió la aristocracia intelectual de la gran manzana. Un círculo elitista en el que se incluye el actor Michael Douglas y la editora de la difunta revista Talk, Tina Brown. Si alguien se escandalizó porque Leibovitz hubiera parido a los 52 años, o por la clamorosa ausencia de un padre natural del bebé, nadie dijo nada.
          Su círculo de amistades siempre ha cerrado filas en torno a la pareja, cuya fortuna se estima en 30 millones de dólares. Su silencio ha ayudado a perpetuar el misterio y el secretismo acerca de su relación. Y nadie sabe exactamente a qué se deben tantas precauciones.
          La clave puede estar en sus amistades. Según el profesor Carl Rollyson, que escribió una biografía de Sontag en 2000, la pareja siempre tuvo amigos muy poderosos. Y «la gente está temerosa de hablar».
          Desde The New Yorker, la revista cultural más prestigiosa de Estados Unidos, se duda de la veracidad de las elucubraciones de Rollyson, que aparentemente hace uso de afirmaciones que Sontag hizo a sus más íntimos sin que haya sido confirmada su participación en el libro. La revista critica, además, que Rollyson se basara principalmente en la opinión de la feminista y comentarista social Camille Paglia -a quien el libro califica de lesbiana a pesar de su ambigüedad al respecto-. Paglia, admiradora acérrima de Sontag, vio como la intelectual se volvía contra ella por su obsesiva devoción. Eso explicaría su resentimiento.
          ¿Por qué tanta discreción? Hay rumores. Uno de ellos hace referencia a la inseminación artificial de Leibovitz. Dicen las malas lenguas que la fotógrafa -que cobra unos 100.000 dólares por día de trabajo-, recibió esperma de David Reiff, el único hijo de Susan Sontag.Un rumor alimentado por la excelente relación entre Reiff, que ya ha llegado a la cincuentena, y su madre. Para aclararlo, hizo falta que una de las personas de su círculo rompiera silencio.Fue nada menos que Marilyn, la madre de Leibovitz. «De ninguna manera. Por Dios», zanjó la señora. Según su versión, el esperma venía de un banco. Por ella se sabe también que Sontag estuvo presente en el parto y que Leibovitz -fotógrafa de la revista Vanity Fair-, se llevó su inseparable cámara para inmortalizar a la recién nacida.
          Pero es difícil creer que la inseminación artificial o el parto fueran las causas de su secretismo. Quizás fuera su sexualidad. Leibovitz reconoció la influencia de Sontag en su vida, pero no fue más allá. Por su parte, Sontag declaró que «había amado a hombres y mujeres». Pero su preferencia por las mujeres quedó más clara cuando en 1999 ayudó a Leibovitz a fraguar Women, un libro que retrata la feminidad en el cambio de milenio con fotografías de ella y textos de la escritora.


Susan Sontag
Fotografías de Annie Leibovitz

         Sin embargo, Sontag y Leibovitz no aprovecharon su estatura pública para defender sus causas. Y eso no sentó bien a los activistas homosexuales. Pero hay quien opina que para Sontag -autoproclamada «moralista obsesiva» y «fanática de la seriedad»-, usar el lesbianismo como bandera hubiera sido contraproducente para una mujer «cuya inteligencia era aún mayor que su talento», según el novelista Gore Vidal. De hecho, el silencio sobre sus preferencias sexuales no hizo más que aumentar su poder como voz contemporánea. Ahora que no está, es posible que salgan a la luz más detalles sobre su vida privada. Llegarán, pero no inmediatamente.


ASI ACUSABA

EEUU. «Siento un poco de vergüenza de ser estadounidense. Siempre me ha molestado la vanidad de querer ser los primeros, la cultura popular, las películas de Hollywood... Quizá por eso me gusta tanto sentirme extranjera. Me interesan más los derrotados que los vencedores».

11-S. «La desconexión entre lo que sucedió y cómo podría entenderse y las tonterías farisaicas y abiertos engaños difundidos por todas las figuras públicas estadounidenses y analistas de televisión son asombrosos, deprimentes»

POLITICA. «La política, la política de una democracia -que implica desacuerdo, que promueve la sinceridad-, ha sido sustituida por la psicoterapia».

BUSH. «No hay ninguna razón para centrarse en la simplista retórica de cowboy de Bush que, durante aquellos días inmediatamente postriores al 11-S, pasó de la cretinez más absoluta a la siniestralidad más lúgubre».

«GUERRA SANTA». «EEUU se ha comportado de una manera brutal e imperialista, pero no está involucrado en ninguna operación general contra lo que denominamos mundo islámico».

INTELECTUALES. «Entra de lleno en la gran tradición el anti-intelectualismo norteamericano el recelo hacia el pensamiento, hacia las palabras. Y presta un gran servicio a los fines del actual gobierno. Decir algo podría resultar polémico. Mejor no decir nada».



Saturday, June 4, 2011

Susan Sontag / Diarios


Susan Sontag, 1960
Fotografía de Paul Popper

Susan Sontag
DIARIOS


12/8/56
(...)
En el matrimonio, cada deseo se convierte en una decisión

18/11/56
Un Proyecto- Notas sobre el matrimonio
El matrimonio se funda en el principio de inercia.
Proximidad con falta de afecto.
El matrimonio es todo comportamiento privado -no público.
La pared de cristal que separa una pareja de la otra. 
La amistad en el matrimonio. La suave piel del otro. (...)



3/01/57
Ideas para relatos-
Un célebre judío emigrado -erudito/teólogo, a la sazón "caballero" de Harvard. Recibe un premio en Alemania. Va a negociar en nombre de Harvard a la biblioteca de un viejo judío -un empresario dueño de una célebre colección de autógrafos: había hecho una pequeña donación al Museo Kaiser Wilhelm justo antes de la guerra. Cuando llegó 1939 los nazis pusieron la colección en sótanos + precintos en la puerta, pero se le permitió al individuo permanecer en la casa. En 1944 llegaron los bombarderos ingleses y estadounidenses, + destruyeron la mayoría de las casas en la zona, pero esta casa sigue en pie.

Encuadrar el relato

Contado en estilo abstracto -con tan pocos hechos como sea posible

Modelo: Kafka

5/1/57
(...)
Notas sobre el matrimonio

¿Para ser presentado a mis bisnietos, en mis bodas de oro? "Bisabuela, tú tenías sentimientos?" "Sí. Era una enfermedad que contraje en mi adolescencia, pero la superé". 

(...) 
De ahora en adelante voy a escribir cada maldita cosa que se me pase por la cabeza.
(...)
Tengo diarrea de la boca y estreñimiento de la máquina de escribir.

No me importa si es pésimo. La única manera de aprender a escribir es escribiendo. La excusa de que lo que se está contemplando no es lo suficientemente bueno.

Susan Sontag
Fotografía de Jesse Fernández

2/1/58
Pobre eguito, ¿cómo te sientes hoy? No muy bien, me temo -algo magullado, adolorido, traumatizado. Oleadas ardientes de vergüenza, y todo aquello. Nunca me ilusioné con que ella estuviera enamorada de mí, pero sí supuse que yo le gustaba. 

6/1/58
Harriet vuelve; se reanudan los juegos del sexo, el amor, la amistad, las bromas, la melancolía. Me habla de un tiempo lujurioso, espléndido en Dublín. ¡Dios, es hermosa! Y es difícil estar con ella, incluso en el ámbito de su propio doblez. Egoísta, nerviosa, burlona, aburrida de mí, aburrida de París, aburrida de sí misma.


15/4/58
Después de dos semanas en España (Madrid, Sevilla, Cádiz, Tánger) estoy de vuelta en París… ¿Por qué no llevé conmigo este diario? Porque sabía que Harriet llevaría el suyo, y me pareció muy grotesca la imagen de las 2 compartiendo alguna habitación de hotel mientras escribíamos la una frente a la otra -elaborando nuestras identidades privadas, pintando nuestros infiernos privados.

(...)
...La corrida de Sevilla, el modo en que se me revolvieron las tripas cuando el primer toro cayó en la arena. El martes en Madrid, el modo en que las pinturas de El Bosco y la música flamenca bulleron toda la noche en mi cabeza
… los cascos de estilo nazi de los soldados que marchaban en algunas de las procesiones sevillanas. (...)

(...) Cádiz fue la ciudad más hermosa que vi en España -el centro muy aseado y moderno y con una hermosa y triste quietud de pobreza a lo largo del rompeolas. Una ciudad de atractivas pero modestas plazas, muchas estrechas calles peatonales, niños y marineros, y el mar, y el sol.



4/7/58
¿Qué diferencia puede haber entre la situación de una persona cuerda mientras el resto del mundo estaba loco, y la de una persona loca mientras todos los demás están cuerdos?

Ninguna.

Su situación es la misma. La locura y la cordura son iguales, aisladas.
(...)

19/11/59
La llegada del orgasmo ha cambiado mi vida. Estoy liberada, pero no hay que decirlo así. Más importante: me ha cerrado, ha cancelado posibilidades, ha logrado que las opciones sean claras y definidas. Ya no soy ilimitada, es decir, nada.

15/9/62
La sexualidad femenina: dos tipos, la que responde + la que inicia. Todo sexo es a la vez activo (con la dinamo dentro de una misma) + pasivo (la entrega).

El miedo a lo que la gente piense -no el temperamento natural- causa que la mayoría de las mujeres sean dependientes de ser deseadas antes de desear.
(...)

3/12/61
El miedo a la vejez surge del reconocimiento de que no se está viviendo ahora la vida que se quisiera. Equivale en un sentido a vilipendiar el presente.




Susan Sontag / La fotografía

Susan Sontag y su hijo David, 1965
Fotografía de Diane Arbus

LA FOTOGRAFÍA
Breve Suma

1. La fotografía es, antes que nada, una manera de mirar. No es la mirada misma.
2. Es la manera ineludiblemente “moderna” de mirar: predispuesta en favor de los proyectos de descubrimiento e innovación.
3. Esta manera de mirar, que tiene ya una dilatada historia, conforma lo que buscamos y estamos habituados a notar en las fotografías.

4. La manera de mirar moderna es ver fragmentos. Se tiene la impresión de que la realidad es en esencia ilimitada y el conocimiento no tiene fin. De ello se sigue que todos los límites, todas las ideas unificadoras han de ser engañosas, demagógicas; en el mejor de los casos, provisionales; casi siempre, y a la larga, falsas. Mirar la realidad a la luz de determinadas ideas unificadoras tiene la ventaja innegable de dar contorno y forma a nuestras vivencias. Pero también —así nos instruye la manera de mirar moderna— niega la diversidad y la complejidad infinitas de lo real. Por lo tanto reprime nuestra energía, nuestro derecho, en efecto, a refundar lo que deseamos refundar: nuestra sociedad o nosotros mismos. Lo que libera, se nos dice, es notar cada vez más cosas.

5. En una sociedad moderna las imágenes realizadas por las cámaras son la entrada principal a realidades de las que no tenemos vivencia directa. Y se espera que recibamos y registremos una cantidad ilimitada de imágenes acerca de lo que no vivimos directamente. La cámara define lo que permitimos que sea “real”; y sin cesar ensancha los límites de lo real. Se admira a los fotógrafos sobre todo si revelan verdades ocultas de sí mismos o conflictos sociales no cubiertos del todo en sociedades próximas y distantes de donde vive el espectador.

6. En la manera de conocer moderna, debe haber imágenes para que algo se convierta en “real”. Las fotografías identifican acontecimientos. Las fotografías les confieren importancia a los acontecimientos y los vuelven memorables. Para que una guerra, una atrocidad, una epidemia o un denominado desastre natural sean tema de interés más amplio, han de llegar a la gente por medio de los diversos sistemas (de la televisión e internet a los periódicos y revistas) que difunden las imágenes fotográficas entre millones de personas.

7. En la manera de mirar moderna, la realidad es sobre todo apariencia, la cual resulta siempre cambiante. Una fotografía registra lo aparente. El registro de la fotografía es el registro del cambio, de la destrucción del pasado. Puesto que somos modernos (y si tenemos la costumbre de ver fotografías somos, por definición, modernos), sabemos que las identidades son construcciones. La única realidad irrefutable —y nuestro mejor indicio de identidad— es cómo aparece la gente.

8. Una fotografía es un fragmento: un vislumbre. Acopiamos vislumbres, fragmentos. Todos almacenamos mentalmente cientos de imágenes fotográficas, dispuestas para la recuperación instantánea. Todas las fotografías aspiran a la condición de ser memorables; es decir, inolvidables.

9. Según la perspectiva que nos define como modernos, hay un número infinito de detalles. Las fotografías son detalles. Por lo tanto, las fotografías se parecen a la vida. Ser moderno es vivir hechizado por la salvaje autonomía del detalle.

10. Conocer es, sobre todo, reconocer. El reconocimiento es la modalidad del conocimiento que ahora se identifica con el arte. Las fotografías de las crueldades e injusticias terribles que afligen a la mayoría de las personas en el mundo parecen decirnos —a nosotros, que somos privilegiados y estamos más o menos a salvo— que deberíamos sublevarnos, que deberíamos desear que algo se hiciera para evitar esos horrores. Hay, además, otras fotografías que parecen reclamar un tipo de atención distinto. Para este conjunto de obras en curso, la fotografía no es una suerte de agitación social o moral, cuya meta sea incitar a que sintamos algo y actuemos, sino una empresa de notación. Observamos, tomamos nota, reconocemos. Ésta es una manera más fría de mirar. La manera de mirar es lo que identificamos como arte.

11. La obra de los mejores fotógrafos comprometidos socialmente es a menudo condenada si se parece demasiado al arte. Y a la fotografía tenida por arte se le puede condenar de modo paralelo: marchita la emoción que nos llevaría a preocuparnos. Nos muestra acontecimientos y circunstancias que acaso deploremos y nos pide que mantengamos distancia. Nos puede mostrar algo en verdad horripilante y ser una prueba de lo que es capaz de tolerar nuestra mirada y que se supone que debemos aceptar. O a menudo simplemente nos invita —y esto es cierto en casi toda la fotografía contemporánea más brillante— a fijar la vista en la banalidad. Fijar la vista en la banalidad y también paladearla, recurriendo precisamente a los mismos hábitos de la ironía que se afirman mediante la surrealista yuxtaposición de consabidas fotografías en las exposiciones y libros más refinados.

12. La fotografía —insuperable modalidad del viaje, del turismo— es el principal medio moderno de ampliación del mundo. En cuanto rama del arte, la empresa fotográfica que hace más amplio el mundo tiende a especializarse en temas al parecer provocadores, transgresores. La fotografía puede estar diciéndonos: esto también existe. Y eso. Y aquello. (Y todo es “humano”.) Pero ¿qué hemos de hacer con este conocimiento, si acaso es un conocimiento, digamos, del ser, de la anormalidad, de mundos marginados, clandestinos?

13. Llámese conocimiento, llámese reconocimiento; de algo podemos estar seguros acerca de esta modalidad, singularmente moderna, de toda vivencia: la mirada, y el acopio de los fragmentos de la mirada, nunca pueden completarse.

14. No hay fotografía definitiva.

Wednesday, June 1, 2011

Susan Sontag / Carta a Borges


Jorge Luis Borges
Fotografía de Sara Facio

 Susan Sontag
EL TIGRE ESTÁ EN LA BIBLIOTECA

12/06/96

Querido Borges:

Dado que siempre colocaron a su literatura bajo el signo de la eternidad, no parece demasiado extraño dirigirle una carta. (Borges, son diez años.) Si alguna vez un contemporáneo parecía destinado a la inmortalidad literaria, ese era usted. Usted era en gran medida el producto de su tiempo, de su cultura y, sin embargo, sabía cómo trascender su tiempo, su cultura, de un modo que resulta bastante mágico. Esto tenía algo que ver con la apertura y la generosidad de su atención. Era el menos egocéntrico, el más transparente de los escritores... así como el más artístico. También tenía algo que ver con una pureza natural de espíritu. Aunque vivió entre nosotros durante un tiempo bastante prolongado, perfeccionó las prácticas de fastidio e indiferencia que también lo convirtieron en un experto viajero mental hacia otras eras. Tenía un sentido del tiempo diferente al de los demás. Las ideas comunes de pasado, presente y futuro parecían banales bajo su mirada. A usted le gustaba decir que cada momento del tiempo contiene el pasado y el futuro, citando (según recuerdo) al poeta Browning, que escribió algo así como "el presente es el instante en el cual el futuro se derrumba en el pasado". Eso, por supuesto, formaba parte de su modestia: su gusto por encontrar sus ideas en las ideas de otros escritores.
Esa modestia era parte de la seguridad de su presencia. Usted era un descubridor de nuevas alegrías. Un pesimismo tan profundo, tan sereno como el suyo no necesitaba ser indignante. Más bien, tenía que ser inventivo... y usted era, por sobre todo, inventivo. La serenidad y la trascendencia del ser que usted encontró son, para mí, ejemplares. Usted demostró de qué manera no es necesario ser infeliz, aunque uno pueda ser completamente perspicaz y esclarecido sobre lo terrible que es todo. En alguna parte usted dijo que un escritor -delicadamente agregó: todas las personas- debe pensar que cualquier cosa que le suceda es un recurso. (Estaba hablando de su ceguera.)
Usted fue un gran recurso para otros escritores. En 1982 -es decir, cuatro años antes de morir (Borges, son diez años)- dije en una entrevista: "Hoy no existe ningún otro escritor viviente que importe más a otros escritores que Borges. Muchos dirían que es el más grande escritor viviente... Muy pocos escritores de hoy no aprendieron de él o lo imitaron". Eso sigue siendo así. Todavía seguimos aprendiendo de usted. Todavía lo seguimos imitando. Usted le ofreció a la gente nuevas maneras de imaginar, al mismo tiempo que proclamaba, una y otra vez, nuestra deuda con el pasado, por sobre todo con la literatura. Usted dijo que le debemos a la literatura prácticamente todo lo que somos y lo que fuimos. Si los libros desaparecen, desaparecerá la historia y también los seres humanos. Estoy segura de que tiene razón. Los libros no son sólo la suma arbitraria de nuestros sueños y de nuestra memoria. También nos dan el modelo de la autotrascendencia. Algunos piensan que la lectura es sólo una manera de escapar: un escape del mundo diario "real" a uno imaginario, el mundo de los libros. Los libros son mucho más.
Lamento tener que decirle que la suerte del libro nunca estuvo en igual decadencia. Son cada vez más los que se zambullen en el gran proyecto contemporáneo de destruir las condiciones que hacen la lectura posible, de repudiar el libro y sus efectos. Ya no está uno tirado en la cama o sentado en un rincón tranquilo de una biblioteca, dando vuelta lentamente las páginas bajo la luz de una lámpara. Pronto, nos dicen, llamaremos en "pantallas-libros" cualquier "texto" a pedido, y se podrá cambiar su apariencia, formular preguntas, "interactuar" con ese texto. Cuando los libros se conviertan en "textos" con los que "interactuaremos" según los criterios de utilidad, la palabra escrita se habrá convertido simplemente en otro aspecto de nuestra realidad televisiva regida por la publicidad. Este es el glorioso futuro que se está creando -y que nos prometen- como algo más "democrático". Por supuesto, usted y yo sabemos, eso no significa nada menos que la muerte de la introspección... y del libro.
Por esos tiempos no habrá necesidad de una gran conflagración. Los bárbaros no tienen que quemar los libros. El tigre está en la biblioteca. Querido Borges, por favor entienda que no me da placer quejarme. Pero, ¿a quién podrían estar mejor dirigidas estas quejas sobre el destino de los libros -de la lectura en sí- que a usted? (Borges, son diez años.) Todo lo que quiero decir es que lo extrañamos. Yo lo extraño. Usted sigue marcando una diferencia. Estamos entrando en una era extraña, el siglo XXI. Pondrá a prueba el alma de maneras inéditas. Pero, le prometo, algunos de nosotros no vamos a abandonar la Gran Biblioteca. Y usted seguirá siendo nuestro modelo y nuestro héroe.