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Saturday, October 1, 2011

Susan Sontag según Annie Leibovitz / El ojo enamorado


El ojo enamorado
Fotografías íntimas de Leibovitz sobre Sontag

La mayoría de las fotografías personales que componen Annie Leibovitz, A Photographer’s Life, 1990-2005 (una exposición y un libro que tienen el mismo nombre) habían permanecido en cajas repletas de películas que su autora, la fotógrafa norteamericana Annie Leibovitz no había revelado. Y entre ellas, la narración fotográfica de su historia de amor.

Por Belén Sáez de Ibarra
Revista Arcadia





Annie Leibovitz
           
Susan Sontag fue una polémica intelectual de su tiempo. Conocida ampliamente por todo tipo de públicos y respetada por el círculo intelectual contemporáneo, utilizó sobre todo el ensayo para ocuparse del más amplio espectro de la vida social: el arte, la cultura, la economía y la política. Controvertida por sus declaraciones y participaciones públicas; crítica de la política de seguridad internacional de su país Norteamérica, del que decía estar avergonzada –“En Estados Unidos sólo podría vivir en Manhattan porque aquí viven muchos extranjeros”–, causó polémica cuando corresponsabilizó a los líderes norteamericanos de la devastadora tragedia del 11 de septiembre de 2001, en Nueva York, y la condena a la decisión de enviar tropas norteamericanas a Oriente Medio y la invasión a Irak. Por esas opiniones fue acusada por influyentes columnistas de traidora y se esparció un rumor que la apodaba Osama Bin Sontag.
“Con Susan fue una historia de amor”, ha dicho Leibovitz. Se conocieron en 1988 en el registro fotográfico que le hacía Leibovitz a Sontag para la contraportada del libro El Sida y sus metáforas, una especie de continuación del libro publicado en 1978, La enfermedad y sus metáforas, en el cual Sontag se ocupó de desocultar nuestras más naturalizadas creencias sobre la enfermedad en nuestro cuerpo, explorando en el lenguaje y la literatura de una forma sencilla –con un estilo directo y diáfano– referencias e imágenes de nuestra cultura esparcidas en la cotidianidad. Sontag convivió hasta su muerte con diferentes formas de cáncer a partir de la mitad de los años setenta. Consideró el cáncer y el sida de especial interés como enfermedades atravesadas por la falsa idea de una muerte inevitable –enfermedades mortales– y cargadas de metáforas negativas de derrota y de vergüenza sobre las que no se podía hablar, las cuales había que evitar por feas y decadentes, desprovistas de romanticismo y espiritualidad.
Hace poco, en un reportaje de la BBC, Leibovitz recordaba ese primer encuentro con Sontag. Ella se mostraba segura, se conocía muy bien a sí misma y tenía bajo control la sesión de retratos que se disponían a iniciar, “Ella decidió entonces que me iba a conocer”. De ahí en adelante se hicieron pareja hasta la muerte de Sontag, ocurrida en diciembre del 2004. Una relación íntima de apoyo y de crítica.
Tal vez sin conocer este prólogo sería imposible comprender por qué, al morir Sontag, Leibovitz se consagró a una exposición y un libro que causaron polémica porque mostraban la imagen de la de la enfermedad y la muerte de una manera descarnada. Leibovitz comenzó a trabajar en un momento muy doloroso: después de la muerte de Sontag, falleció su padre y poco tiempo después nacieron dos de sus hijas. La preparación de la exhibición fue fundamentalmente un proceso de duelo. De ahí el enfoque personal de la muestra y del libro que son una experiencia de recogimiento sobre su experiencia vital que incluye su trabajo profesional. “Porque mi vida es una sola”: Así lo cuenta en la introducción del libro, en la cual insiste en que estas imágenes –que incluyen también las de su padre en el lecho de su muerte– pertenecen a la vida de sus seres amados. Leibovitz considera estas fotos personales más ricas y cercanas a su estilo de trabajo como artista en la Escuela de Bellas Artes de San Francisco en la que se formó: “Más vivo y descarnado… Me percaté de que mi trabajo profesional había perdido inmediatez y era más superfluo”, le dijo a Vanity Fair, en junio de 2009.
El hijo de Sontag, David Rieff, criticó duramente la exhibición de las fotografías de su madre agonizante. Leibovitz asegura como respuesta a las innumerables preguntas que se le han hecho sobre la polémica que Sontag habría estado de acuerdo en mostrar las fotografías: “A ella siempre le gustó el debate. Hablar sobre las cosas. Seguro que pensaría que esto (la enfermedad) es algo que pasa en la vida; entonces está bien mostrarlo”.
Nuestra cultura visual –en donde no solamente juegan un papel las industrias mediáticas sino también las prácticas artísticas– está llena de imágenes duras en donde se trafica con el dolor de los otros sin ningún pudor: en ese tipo de imágenes no existe contexto, la vida está ausente en ellas. Al decir del filósofo francés Guy Debord, en su libro La sociedad del espectáculo, de 1969: “Las imágenes que se han desprendido de cada aspecto de la vida se fusionan en un curso común, donde la unidad de esta vida ya no puede ser restablecida. La realidad considerada parcialmente se despliega en su propia unidad general en tanto que seudo-mundo aparte, objeto de mera contemplación. La especialización de las imágenes del mundo se encuentra, consumada, en el mundo de la imagen hecha autónoma, donde el mentiroso se miente a sí mismo. El espectáculo en general, como inversión concreta de la vida, es el movimiento autónomo de lo no-viviente”.
Las imágenes de Sontag lejos de encarnar la indigna parodia del espectáculo, nos acercan a la humanidad que habita en ellas, aproximándonos a un cuerpo amado: cuando Leibovitz captura estas imágenes con la ansiedad de retener un instante de intimidad. Están acompañadas por la secuencia de registros de una vida en común con ese cuerpo. En la exposición-libro aparecen fotografías de Sontag desnuda, con su cuerpo maduro, erotizado por un lente que ve y se siente conmovido más allá de lo que aparece.
Mostrar un cuerpo enfermo no es cosa de nuestros días, pues el lenguaje de nuestro tiempo no da cabida a la humanidad de la herida. Pero es necesario. No hay que sentir vergüenza de nuestros cuerpos insanos y de nuestra finitud. No somos parte de un engranaje perfecto; la vida nos hiere con su roce. Esa es nuestra condición. El teórico español de Estudios Visuales José Luis Brea, lo expresa profundamente en su texto “Muestra tus heridas” de 1994, “…Nos sabemos heridos, los unos en los otros, y todos en el mundo. Pero no queremos, ya, hacer de todo esto un drama. Traemos con nosotros heridas –incontables heridas: la historia de la humanidad es la de sus campos de batalla– pero ni queremos regodearnos en el lecho fácil de su narración inmunda, ni pretendemos entonar las virtudes salvíficas de algún universal remedio. No nos queda ya mucha esperanza, pero tampoco nos entregamos a la amarga melancolía de la convalecencia. Mostrar, esto es todo. Una herida es siempre un territorio límite, escapado a su destino. Y el hombre, sí, es la herida del mundo, su extravío. Que el hombre muestre su herida, que se muestre a sí mismo como herida –esto es necesidad y honradez. Y no hay cura en ello, pero tampoco lamento puro: sino conocimiento, conocimiento de sí, de uno mismo, de sus lugares, sus territorios, sus límites, sus pliegues y sus rompimientos, de sus heridas. Imaginar un cuerpo todo hecho de heridas, de órganos que fallan a su misión. A dónde dirige sus funciones, cómo sobrevive. Sólo el hombre es capaz de existir herido, sólo para él la herida es condición… Muestra tus heridas, sí: sólo ellas son tu verdad”.
Leibovitz siempre logra sorprender. Quizá por la honestidad de su mirada que no conoce fórmulas. Esta fotógrafa ha registrado durante su carrera escenas glamorosas, cuerpos plenos de juventud y destreza, la pulsión del carácter de interesantes personajes de nuestra cultura. Nos enseña ahora con estas fotos de su intimidad –que parecen casi una caricia– cómo el paso del tiempo, la enfermedad y la muerte no pueden arrancarles belleza a los cuerpos que amamos.
            Annie Leibovitz es una de las más celebres “fotógrafos” de nuestro tiempo y una de las pocas mujeres reconocidas en su oficio. Por eso es forzoso utilizar el género masculino de la palabra. Por su lente fotográfica ha pasado una representativa parte de la historia de Estados Unidos de los últimos cuarenta años: artistas, músicos, bailarines, fotógrafos, poetas, actores, intelectuales, líderes, políticos, empresarios y celebridades. Si no ha escuchado su nombre habrá visto al menos alguna de sus fotografías. ¿Recuerda a John Lennon desnudo, de costado, vulnerable, rodeando estrechamente con sus brazos y piernas a Yoko Ono; aferrado a ella, a su explayada cabellera negra, acostados en el suelo, ella vestida de suéter negro y jeans, serena y poderosa? Esta fotografía le ha dado la vuelta al mundo no sólo por la no convencional forma de exponer la relación íntima de la pareja que causó hondo malestar entre los músicos de los Beatles, sino porque fue tomada horas antes del asesinato de Lennon, en 1980. Las fotos de Leibovitz han aparecido desde entonces, aun sin saberlo, cientos de veces frente a nuestros ojos. Revistas como Rolling Stone, Vogue, Vanity Fair le han comisionado por décadas fotografías para portadas y reportajes que se han convertido en íconos de la cultura.


SUSAN SONTAG
Fotografías de Annie Leibovitz















Friday, September 30, 2011

Annie Leibovitz / Retratos memorables


Annie Leibovitz
RETRATOS MEMORABLES

  • El presidente de Estados Unidos Barack Obama y su familia posan para Leibovitz en el Salón Verde de la Casa Blanca. 1 de septiembre de 2009.
  • Yono Ono, acostada mientras su marido, John Lennon, la abraza y se acurruca completamente desnudo. Al cantante sólo le quedaban unas horas de vida.
  • Burce Sprinsteen. En concreto el trasero del cantante enfundado en unos viejos vaqueros. Se trató de una toma al azar en la sesión fotográfica del disco  "Born in the U.S.A.", y que acabó por convertirse en la portada del álbum.
  • La actriz Demi Moore, desnuda, exhibe su feliz embarazo de siete meses.
  • Whoopi Goldberg, feliz como una niña, se sumerge en una bañera llena de leche, dejando ver sólo su rostro y sus extremidades.
  • George W. Bush y su Gabinete posan en la Oficina Oval de la Casa Blanca, luego de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.
  • El artista búlgaro Christo, envuelto completamente en tela, tal como él empaqueta los edificios.
  • [La cantante Dolly Parton posa sonriente, mientras cubre con su cuerpo al musculoso actor Arnold Schwarzenegger.
  • Los actores Dan Aykroyd y John Belushi, disfrazados como The Blues Brothers, con sus caras pintadas de azul.
  • La reina Isabel II del Reino Unido mira hacia Londres por la ventana de un salón del Palacio de Buckingham.
  • El artista Keith Haring, con su cuerpo pintado, es otro de sus propios cuadros.
  • El político ruso Mijaíl Gorbachov sentado dentro de un automóvil con los restos del Muro de Berlín al fondo.
  •  El cantante Sting, cubierto de barro,  se mimetiza con el paisaje del desierto.
  •  Un primer plano del músico Pete Townshend, quien apoya la cabeza sobre su mano mientras brota sangre desde su palma.
  • La cantante y actriz Miley Cyrus cubre su busto solo con una sábana blanca cuando ella tenía apenas 15 años de edad, perversa e inocente.
  • En un primerísimo plano, Meryl Streep parece sacarse su propio rostro al estirar con la punta de los dedos una mascarilla blanca. Esa mascarilla podría ser otro de los personajes de la famosa actriz.
  • Demi Moore, con un traje de hombre pintado sobre su piel y más bella que nunca, vestida y desnuda al mismo tiempo.




 
 























Thursday, September 29, 2011

Susan Sontag / La vida secreta

Susan Sontag
Fotografía de Annie Leibovitz
La vida secreta de Susan Sontag

Sacó los colores durante décadas a la sociedad norteamericana, pero protegió férreamente su intimidad y mantuvo casi en secreto su relación con la famosa fotógrafa Annie Leibovitz. Tras su muerte, los detalles empiezan a salir a la luz.

Por Ferran Viladevall
Los Angeles (EEUU)
El Mundo, 2 de Enero de 2005


Susan Sontag, 1988
Fotografía de Annie Leibovitz

Era una mujer pública pero pocos conocían sus intimidades. Hablaba claro y con bravura, pero se mostraba vaga y escurridiza cuando se trataba de descubrir su lado más personal. Días después de los ataques del 11-S, por ejemplo, arremetió contra la ceguera patriótica: «En temas de coraje, se puede decir lo que sea de los culpables de la masacre, pero no que fueran cobardes». Ella planteó la pregunta que ha estado flotando en el ambiente desde la tragedia: «¿Dónde está el reconocimiento de que esto no fue un ataque cobarde a la civilización o a la libertad o a la humanidad o al "mundo libre", sino un ataque al autoproclamado superpoder; ejecutado como consecuencia de las alianzas específicas y acciones de América?»
Pero Sontag ya tenía experiencia en sacar los colores a los que crean conflictos. Cuando la guerra de Vietnam, acusó a la raza blanca de «ser el cáncer de la historia humana». Irónicamente sería otro cáncer -una leucemia-, lo único que ha podido hacerla callar.

Susan Sontag 1993
Fotografía de Annie Leibovitz

 ¿Quién era Susan Sontag? Se sabe que estaba unida a la fotógrafa estadounidense Annie Leibovitz, una relación que duró tres lustros. Leibovitz es toda una institución que se hizo un nombre con sólo 31 años al fotografiar a un John Lennon desnudo abrazado a Yoko Ono para la revista Rolling Stone. Una instantánea hecha sólo horas antes de que Lennon fuera asesinado.
           Pero a pesar de ser puntos de referencia de la cultura y las letras, ambas guardaron celosamente los detalles de su relación.Aunque se sabe que vivían en pisos separados en el mismo edificio de Chelsea, en Manhattan.
         
Annie Leibovitz

            Hace tres años cuando Leibovitz dio a luz por cesárea a Julia Margaret Cameron, su primera y única hija, organizaron una fiesta conjunta para celebrar el evento. Sólo acudió la aristocracia intelectual de la gran manzana. Un círculo elitista en el que se incluye el actor Michael Douglas y la editora de la difunta revista Talk, Tina Brown. Si alguien se escandalizó porque Leibovitz hubiera parido a los 52 años, o por la clamorosa ausencia de un padre natural del bebé, nadie dijo nada.
          Su círculo de amistades siempre ha cerrado filas en torno a la pareja, cuya fortuna se estima en 30 millones de dólares. Su silencio ha ayudado a perpetuar el misterio y el secretismo acerca de su relación. Y nadie sabe exactamente a qué se deben tantas precauciones.
          La clave puede estar en sus amistades. Según el profesor Carl Rollyson, que escribió una biografía de Sontag en 2000, la pareja siempre tuvo amigos muy poderosos. Y «la gente está temerosa de hablar».
          Desde The New Yorker, la revista cultural más prestigiosa de Estados Unidos, se duda de la veracidad de las elucubraciones de Rollyson, que aparentemente hace uso de afirmaciones que Sontag hizo a sus más íntimos sin que haya sido confirmada su participación en el libro. La revista critica, además, que Rollyson se basara principalmente en la opinión de la feminista y comentarista social Camille Paglia -a quien el libro califica de lesbiana a pesar de su ambigüedad al respecto-. Paglia, admiradora acérrima de Sontag, vio como la intelectual se volvía contra ella por su obsesiva devoción. Eso explicaría su resentimiento.
          ¿Por qué tanta discreción? Hay rumores. Uno de ellos hace referencia a la inseminación artificial de Leibovitz. Dicen las malas lenguas que la fotógrafa -que cobra unos 100.000 dólares por día de trabajo-, recibió esperma de David Reiff, el único hijo de Susan Sontag.Un rumor alimentado por la excelente relación entre Reiff, que ya ha llegado a la cincuentena, y su madre. Para aclararlo, hizo falta que una de las personas de su círculo rompiera silencio.Fue nada menos que Marilyn, la madre de Leibovitz. «De ninguna manera. Por Dios», zanjó la señora. Según su versión, el esperma venía de un banco. Por ella se sabe también que Sontag estuvo presente en el parto y que Leibovitz -fotógrafa de la revista Vanity Fair-, se llevó su inseparable cámara para inmortalizar a la recién nacida.
          Pero es difícil creer que la inseminación artificial o el parto fueran las causas de su secretismo. Quizás fuera su sexualidad. Leibovitz reconoció la influencia de Sontag en su vida, pero no fue más allá. Por su parte, Sontag declaró que «había amado a hombres y mujeres». Pero su preferencia por las mujeres quedó más clara cuando en 1999 ayudó a Leibovitz a fraguar Women, un libro que retrata la feminidad en el cambio de milenio con fotografías de ella y textos de la escritora.


Susan Sontag
Fotografías de Annie Leibovitz

         Sin embargo, Sontag y Leibovitz no aprovecharon su estatura pública para defender sus causas. Y eso no sentó bien a los activistas homosexuales. Pero hay quien opina que para Sontag -autoproclamada «moralista obsesiva» y «fanática de la seriedad»-, usar el lesbianismo como bandera hubiera sido contraproducente para una mujer «cuya inteligencia era aún mayor que su talento», según el novelista Gore Vidal. De hecho, el silencio sobre sus preferencias sexuales no hizo más que aumentar su poder como voz contemporánea. Ahora que no está, es posible que salgan a la luz más detalles sobre su vida privada. Llegarán, pero no inmediatamente.


ASI ACUSABA

EEUU. «Siento un poco de vergüenza de ser estadounidense. Siempre me ha molestado la vanidad de querer ser los primeros, la cultura popular, las películas de Hollywood... Quizá por eso me gusta tanto sentirme extranjera. Me interesan más los derrotados que los vencedores».

11-S. «La desconexión entre lo que sucedió y cómo podría entenderse y las tonterías farisaicas y abiertos engaños difundidos por todas las figuras públicas estadounidenses y analistas de televisión son asombrosos, deprimentes»

POLITICA. «La política, la política de una democracia -que implica desacuerdo, que promueve la sinceridad-, ha sido sustituida por la psicoterapia».

BUSH. «No hay ninguna razón para centrarse en la simplista retórica de cowboy de Bush que, durante aquellos días inmediatamente postriores al 11-S, pasó de la cretinez más absoluta a la siniestralidad más lúgubre».

«GUERRA SANTA». «EEUU se ha comportado de una manera brutal e imperialista, pero no está involucrado en ninguna operación general contra lo que denominamos mundo islámico».

INTELECTUALES. «Entra de lleno en la gran tradición el anti-intelectualismo norteamericano el recelo hacia el pensamiento, hacia las palabras. Y presta un gran servicio a los fines del actual gobierno. Decir algo podría resultar polémico. Mejor no decir nada».