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Monday, September 5, 2011

Las mujeres se acabarían en el año 5000




Monica Bellucci en estado de gracia


Mujeres se acabarían en el año 5000,


dice estudio de 'The Economist'





La revista calcula que el sexo femenino en algunos países ricos no sobrevivirá más de dos milenios.












Fotografía de Herb Ritts




Si las tendencias de bajas tasas de natalidad en países desarrollados se mantienen, el mundo podría quedarse sin mujeres dentro de tres milenios.


De acuerdo con la revista británica The Economist, muchas mujeres en las regiones más adineradas de Asia se han dejado de casar, pues prefieren la vida de solteras al yugo que representa el matrimonio. Esto explica por qué las tasas de fertilidad han caído.


Pero Asia no está sola, dice la revista. Según las Naciones Unidas, en 83 países y territorios en todo el mundo, las mujeres no tienen las hijas suficientes para reemplazar la caída en la tasa de fertilidad.


En Hong Kong, que está en la cabeza de la lista, un grupo de 1.000 mujeres ahora espera dar a luz a tan solo 547 niñas. Si nada cambia, las 547 hijas tendrán, a su vez, 299 hijas, y así sucesivamente.


Extrapolando de manera acelerada este ejemplo, The Economist dice que le llevaría sólo 25 generaciones a la población femenina de Hong Kong para reducir el tamaño de su población actual, de 3,75 millones, a solo una.


Teniendo en cuenta que la edad promedio de maternidad de Hong Kong es de 31,4 años, el territorio espera ver el nacimiento de su última mujer en el año 2798, añade The Economist.


Por la misma lógica inquebrantable, Alemania, Italia, Japón, Rusia y España no verían el próximo milenio, asegura la revista. Incluso, de acuerdo con el mismo cálculo, en China nacería la última mujer en 1.500 años.


En Brasil, la última mujer morirá poco antes del año 5000.
        Según un informe de población mundial, publicado por la ONU en mayo de este año, el 42 por ciento de la población mundial vive hoy en países de baja fertilidad. Además, el 40 por ciento está en naciones donde, en promedio, cada mujer tiene entre 1 y 1,5 hijas.


"Solo el 18 por ciento de las personas viven en países de alta fertilidad (principalmente países africanos), donde las madres tienen más de 1,5 hijas", dice el documento.







Saturday, August 20, 2011

Bram Stoker / Carta de bienvenida


Bram Stoker
CARTA DE BIENVENIDA
WELCOME TO THE CARPATHIANS

Mi querido amigo:
Bienvenido a los Cárpatos.
Lo estoy esperando ansiosamente.
Duerma bien esta noche. Mañana
a las tres saldrá la diligencia para Bucovina;
ya tiene un lugar reservado.
En el desfiladero de Borgo
mi carruaje lo estará esperando y lo traerá a mi casa.
Espero que su viaje desde Londres
haya transcurrido sin tropiezos,
y que disfrute de su estancia en mi bello país.
Su amigo,
Drácula.



Bram Stoker, Drácula

Sunday, July 31, 2011

Laura García / Morir de amor



Laura García
MORIR DE AMOR

Li-Wan tiene 22 años y fue la protagonista de una noticia que dio la vuelta al mundo: intentó suicidarse arrojándose al vacío desde una altura de 24 metros, vestida de novia. Ese fue el último recurso desesperado de Li porque su novio le dijo, unos pocos días antes del matrimonio, que tenía planeado casarse con otra mujer.
Las fotos que circularon por todos los diarios muestran a Li desesperada, enfundada en su vestido arrugado ya y con el brazo del rescatista rodeándole el cuello, salvándola de ella misma.
Fue una noticia bella y cruel al mismo tiempo. Quizás me atrevo a decirlo porque el final no fue del todo trágico. Y también porque entiendo tanto la reacción de Li-Wan que me estremeció como si yo misma hubiese intentado lo que ella. El problema es decir que el amor duele, que el amor puede matar, es que uno se expone al ridículo, a quedar como un cursi o, con buena suerte, como un romántico irredimible. Pero no, no es eso lo que soy ni lo que parezco. Y sí, la verdad es que sí, el amor duele. A Li-Wan la debió atravesar una espada de pecho a espalda cuando su novio le anunció que se iba a casar con otra.
Es así: uno se levanta un día pletórico de amor, y hasta puede pasar el día completo emocionado, ilusionado, idiotizado también, creyendo que la vida no es una carga pesada, que cualquier día, por malo que sea, se puede soportar gracias al amor que profesamos y que nos profesan y todo eso va bien hasta que nos pinchan. Todo es cuestión de ego y orgullo. Y miente el que lo niegue. Queremos ser el único ser en la vida de…
Creo que puedo describir exactamente lo que sintió Li-Wan. Creo que si la tuviera ahora enfrente y escuchara esto, ella asentiría a todo, porque puedo jurar que fue esto lo que le pasó: primero sintió una punzada en el pecho, un filo, una cortada, algo que pincha duro. Luego sintió una opresión brutal, una lucha del pecho por juntarse con la espalda y una voz que le resonaba por todo el cráneo, una voz muy parecida a la de su novio, quizás un poco deformada, pero que le repetía que ella ya no era la única, que allí, en donde somos más sensibles, en nuestro ego, en nuestro orgullo, él, el hombre que ella más ama, está enterrándole un cuchillo. La mató. La enloqueció en dos segundos y luego la mató. Todos alguna vez hemos muerto así.
Yo una vez me morí así y creo que después de eso todavía voy por la vida dando tumbos como alma en pena. A veces, cuando estoy optimista, pienso que sobreviví a una dura prueba, que todo ya fue, que ya pasó. Pero al final me doy cuenta de que no es así, de que la sensación es la misma que tengo después de haber pasado el terremoto acá en Chile. Uno se cree que ya lo ha vivido, que ya fue, que la experiencia no se repetirá, que el miedo se terminó cuando llegó la tranquilidad, pero no es así, el miedo se revive con cada réplica, por suave que sea. Así es morir de amor. Uno se muere un día y a los muchos días más piensa que, porque se levanta todos ellos para trabajar, porque se toma el café en las mañanas, lee el diario, conversa con los amigos, estudia, saca buenas notas, escribe este artículo, le cumple al editor, al director, deja a todos contentos, uno cree que porque camina, come y respira, está vivo y ya. Pero no. Lo que pasa es que la mente, cuyo funcionamiento para mí es un misterio, es una cosa rarísima, no le entrega la misma información a todos los cuerpos. Algunas, como Li-Wan, no pueden asumir la tragedia de saberse muerta en vida.
El dolor con el que uno muere de amor se repite con la misma intensidad con cualquier recuerdo vago. Pero uno se arriesga mucho cuando habla de estas cosas. Morir de amor se ha convertido, gracias a las novelitas cursis rosas y a los culebrones de la televisión, en un melodrama lacrimógeno. Es complicado explicar que cada individuo tiene sus obsesiones muy particulares y que la más difícil de soportar es la obsesión que deja el rechazo de un amante. Que no es ni ridículo, ni cursi, ni descabellado vestirse de novia para lanzarse desde una ventana a 24 metros de altura. Yo la entiendo a Li-Wan. Si a uno lo matan o se muere de amor un mal día, todas las ventanas le parecerán, siempre, puertas por las que se puede salir corriendo para huir del dolor insoportable.

Publicado originalmente en Hojablanca.net



Tuesday, July 19, 2011

Borges / Perón y el degollador


I
Ilustración de Pori Ferrer, 2007

Jorge Luis Borges
PERÓN Y EL DEGOLLADOR

¿El peronismo? Algo inverosímil. Nadie se acuerda de la quema de las iglesias, ni del asesinato de Juan Duarte, ejecutado por orden de Perón. Yo no puedo hablar con imparcialidad; mi madre, mi hermana y mi sobrino estuvieron en la cárcel. A mí me echaron de un puesto mínimo que ocupaba en una biblioteca de las afueras. Un detective me seguía a todos lados. Al final nos hicimos amigos y él me dijo: “Discúlpeme, Borges, pero yo tengo que ganarme la vida”. Entonces, para consolarlo, le conté que mi padre había conocido a un viejo soldado, degollador de oficio, degollador de oficio —un buen hombre que cumplía con su deber—, y procedía siempre de la misma manera. Los prisioneros estaban sentados en el suelo con las manos atadas a la espalda. El degollador se les acercaba, les daba una palmadita en el hombre y les decía: “Ánimo, amigo, más sufren las mujeres cuando paren”. Luego los degollaba rápidamente, de un solo tajo. Parece que era casi indoloro…  

Esteban Peicovich
El mundo según Borges, el palabrista
Bogotá, Icono, 2011.
Páginas 124 y 125