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Wednesday, July 28, 2010

Michael Connelly / El policía más salvaje de EE UU

Michael Connelly
Barcelona, 2009
Foto de Carles Ribas


El policía más salvaje de EE UU

Michael Connelly, estrella de la novela negra actual, habla de literatura en Barcelona

 Barcelona 4 FEB 2009
Harry Bosch, el popular detective de Michael Connelly (Filadelfia, 1956), nació a las letras en El eco negro, en 1992. Supimos entonces que la guerra de Vietnam le marcó profundamente. Su unidad, las ratas de túnel, estaba encargada de limpiar los pasajes subterráneos del Vietcong.
Más tarde y en otras novelas, Connelly va construyendo su biografía. Nos enteramos así que era hijo de una prostituta, que fue asesinada, que él había estado en diversas casas de acogida. También que se había casado, que tuvo un mal divorcio y que no había vuelto a saber de su hija. Entró en la policía de Los Ángeles y estuvo cinco años patrullando las calles. Fue ascendido a detective de Homicidios y pasó a la Brigada Especial de Robos y Homicidios.

El autor de 'Echo Park' cita a Chandler y Ellroy como referencias

El escritor de Filadelfia recibió ayer el IV Premio Pepe Carvalho

"Sé que los agentes de mi país piensan que la pena de muerte es buena"

"Los Angeles Times' me dio disciplina. Los periodistas escriben cada día"
En El último coyote fue suspendido por haber agredido al teniente Pounds, que le estropeó un interrogatorio a un sospechoso. Aprovechó el paro para averiguar quién asesinó a su madre y tras duros avatares -es golpeado en la cabeza, sufre una conmoción, es hospitalizado, pero se escapa- resolvió ese caso que le torturaba.
Durante ocho meses fue castigado en la División de Robos. En Pasaje al paraíso, vuelve a Homicidios. Pero novela a novela, va enfrentándose más y más con el Departamento de Policía. A quien más odia es al subdirector Irving, que luego jugará a ser político. Al fin se cansa y, tras 25 años de servicio, decide retirarse. EnLuz perdida, Harry tiene ya 52 años y se ha sacado licencia de detective privado. En Cauces de maldad, quiere de nuevo su placa y se incorpora a la Unidad de Casos Abiertos. Echo Park,uno de esos casos no resueltos, le lleva a las puertas del infierno y a su compañera de trabajo, al borde de la muerte. Nuevamente es apartado del trabajo, al que regresa con El observatorio, donde se enfrenta con el FBI.
Bosch resuelve, de una manera u otra, y no todas legales, los casos en que trabaja. Está en la policía, pero actúa por libre. "Yo crecí leyendo a Raymond Chandler y a Joseph Wambaugh y de la admiración por sus personajes surgió esa mezcla que es Bosch, un policía que no está totalmente dentro del departamento", dice Connelly. Además de estos autores, el escritor cita a Ross McDonald y James Ellroy. Por todos ellos se fue a California. "Su lectura y los escenarios de Los Ángeles me ayudaron mucho. Mientras estuve en Florida intenté escribir dos novelas y no salió nada". Y es en "esta ciudad magnética", donde se inventa al policía. "Bosch tiene que luchar contra todo tipo de obstáculos para llevar adelante sus investigaciones. A veces es la política, otras la corrupción, la burocracia, incluso la estupidez. El resultado es que casi siempre está en contra de su propio departamento, eso le acerca mucho a sus lectores".
El ex agente del FBI McCaleb, otro de los espléndidos personajes de Connelly, define perfectamente a Bosch: le llama "el ángel vengador". "Es concienzudo y listo, pero se aproxima demasiado al abismo". Connelly lo confirma: "McCaleb tiene razón. Yo admiro el trabajo de la policía. Es fácil hacerlo mal y difícil hacerlo bien. Se asoman al abismo y luego vuelven a casa con todo eso a cuestas. La oscuridad a que se enfrentan les alcanza también a ellos".
En un momento de desesperación, en Echo Park, Bosch se muestra favorable a la pena de muerte. "No creo que fuera un impulso. Por mi trabajo de reportero sé que todos los policías piensan que la pena de muerte es buena ante tanta devastación. Yo no estoy del todo de acuerdo, pero en esto soy objetivo, doy la opinión de un policía".
Connelly nació en Filadelfia, pero a los 11 años se fue a Florida, donde estudió periodismo. Trabajó 10 años en Los Angeles Times. "Si no hubiera estado en este diario ahora no estaríamos sentados aquí. Me sirvió para meterme en el mundo de la policía y del crimen. Y me dio disciplina. Los periodistas escriben cada día".
Si Bosch ha protagonizado 14 novelas, Terry McCaleb sólo tres. La primera, Deuda de sangre, la llevó al cine Clint Eastwood. Le siguieron Más oscuro que en la noche y Cauces de maldad, en la que el detective Bosch investiga la muerte del agente McCaleb. ¿Por qué le mató tan pronto? "Se me hizo difícil seguir con él tras haber visto su cara en el cine".
Y el abogado Michael Heller, ¿volverá alguna vez? "Aparecerá en la próxima novela, El veredicto. Un fiscal es asesinado. Heller asume las investigaciones que estaba efectuando y Bosch se encarga del asesinato". Se publicará en España en octubre. Esta novela, como las más recientes de Connelly, están editadas por Roca Editorial, que también recupera en bolsillo sus otros títulos. Ediciones B ha lanzadoCrónicas de sucesos, que reúne sus trabajos periodísticos. Connelly recibió ayer el IV Premio Pepe Carvalho, y habló de lo bien que se siente en Barcelona- donde participa en el festival BCNegra- y en España, donde "se valora la novela negra".

Libros, 'El Caso' y una plaza para Manuel Vázquez Montalbán

- Nueva colección y nuevos autores. Entre las muchas actividades que desarrolla BCNegra, destacó ayer la salida de una nueva colección, Roja & Negra, que edita Mondadori y dirige Rodrigo Fresán. Tratará temáticas rojas (criminales) y negras (policiacas). Fresán afirmó que no se ajustará exactamente a los parámetros del género, ni a que "tengan más muertos", sino que ofrecerá una voluntad estilística y un mejor contenido. Ya están los dos primeros títulos en las librerías: Delitos a largo plazo, del británico Jake Arnott, y El poder del perro, del estadounidense Don Winslow.
- Una plaza para el 'padre' de Carvalho.
Cinco furgonetas de la policía dos calles arriba en una redada contra un posible comando islamista, suelo mojado por la lluvia, frío y policía secreta mezclada con escoltas. Un auténtico escenario negro envolvió ayer la inauguración en Barcelona de la plaza (dura) dedicada a Manuel Vázquez Montalbán, en la calle Sant Rafael junto a la Rambla del Raval. En realidad, no muy lejos del despacho de 39 metros cuadrados que el detective Pepe Carvalho tenía en La Rambla y casi al lado del piso de 50 metros cuadrados donde vivió la familia del escritor, y al que no llegó la electricidad hasta 1947. Hoy, en su plaza desemboca un hotel de cuatro estrellas. Por debajo limita con la futura sede de sindicatos. Menos mal...
- Fuente de inspiración. Durante años la única información de sucesos era la que hacía la Dirección General de la Policía. El panorama cambió en 1952 con la salida del periódico El Caso, que durante tres décadas explicó los sucesos de la España real frente a la oficial. BCNegra le rindió homenaje con una mesa redonda donde participaron uno de sus redactores, el cineasta Pere Costa, y el periodista Josep Martí Gómez. En el palacio de la Virreina se exponen portadas de sus 35 años de vida.





Michael Connelly se traduce 

por vez primera al catalán

C. G. Barcelona

EL PAÍS, 3 AGO 2009



Michael Connelly
Michael Connelly (Filadelfia, 1956), último premio Pepe Carvalho de novela negra y uno de los autores más emblemáticos hoy del género, está traducido a 35 lenguas. En octubre serán, como mínimo, 36 porque Club Editor ha decidido publicarlo en catalán. Y el azar, o el olfato, hará que la editorial catalana empiece con la que hasta la fecha es su novela más vendida en sus más de 20 años de trayectoria. Se trata de la número 19 de su producción, El veredicte, que Club Editor publicará el próximo octubre en su colección El club dels novel.listes, traducido por Joan Puntí. La versión castellana llegará al unísono de la mano de Roca Editorial.
The Brass Verdict, título original, aparece este mismo mes en EE UU en edición rústica tras su exitosa versión en tapa dura, editada el año pasado. Amén de la acidez de las tramas y la intrahistoria de la ciudad de Los Ángeles aprovechando las pesquisas de su policía que ya son rasgos clásicos en las narraciones de Connelly, el éxito recae en el hecho de que, por vez primera, el autor reúne en el mismo libro a su famoso detective Harry Bosch con el abogado Mickey Haller, protagonista ya de El inocente (2007).
En esta ocasión, Haller se ve involucrado en la defensa de un alto ejecutivo de unos estudios de Hollywood, acusado de asesinar a su esposa y a su amante. En plena pesquisa judicial, el abogado se da cuenta de que la próxima víctima bien podría ser el propio Haller. Mientras, Bosch es el encargado, por la parte policial, de investigar el caso. Tras obvios recelos iniciales, la complejidad del caso invita a trabajar juntos.


Monday, July 26, 2010

Carlos Boyero / Los hijos de Philip Marlowe


Michael Connelly

Los hijos de Philip Marlowe

Crónicas de sucesos constata el proceso iniciático de Michael Connelly en un universo de violencia interna y externa
Si no se poseyeran datos ni referencias sobre Raymond Chandler, si sólo te hubieras enamorado en las novelas de un individuo llamado Philip Marlowe, aficionado al alcohol y al ajedrez solitario, experto en decepciones (el engaño que sufrió de su falso amigo Terry Lennox en El largo adiós era de los que se incrustan duraderamente en las entrañas), mordaz hasta el virtuosismo, biológicamente alérgico a la autoridad aunque se hubiera encontrado con algunos tipos decentes en la policía, sabedor de que si algún día la palmaba en cualquier callejón, algo probable en su oficio, ningún hombre ni mujer sentiría que había perdido la razón de su existencia, jamás podrías sospechar que su lírico y excepcional creador no tenía ni puñetera idea de lo que era un arma, ni familiaridad con los bajos fondos, que sólo conocía de oídas el crimen y la corrupción. Leyendo con sobrecogimiento hace infinitos años una desoladora biografía de Chandler que escribió Frank McShane descubrías que hasta los cuarenta años el gran retratista de aquel solitario frecuentemente acorralado e irrenunciablemente ético trabajó como ejecutivo en el negocio petrolero, que se casó con una mujer veinte años mayor que él y que al morir ésta el derrumbe alcohólico y la depresión le machacaron interminablemente hasta el final, que poco antes de su muerte intentó suicidarse en un hotel de Londres pero que falló patéticamente porque no acertaba al apretar el gatillo de la pistola.
Un fallo técnico que nunca se hubiera permitido el muy experimentado Dashiell Hammett, empleado desde muy joven en la agencia de detectives de la temible Pinkerton y que la abandona con escepticismo perdurable a los veinticuatro años, asqueado de que ésta sirva para destrozar huelgas, de que su legitimada metodología en la defensa del capitalismo supere con creces la salvaje eficiencia de la delincuencia. El inventor de aquel diablo con hoyuelo llamado Sam Spade, del enigmático hombre gordo de la Continental especializado en cosechas rojas después de liar y enfrentar a los lobos, del aún más romántico que cínico Ned Beaumont de La llave de cristal. Sus descripciones literarias se alimentan de su contacto con la realidad, de haber tenido trato precoz con las flores del mal.
Nadie ha hablado de la policía con tanto conocimiento e intensidad como Joseph Wambaugh, alguien que nunca se pondrá de moda entre determinado izquierdismo. Wambaugh fue cocinero antes que fraile. O sea, fue madero antes que escritor. Y comprende demasiado bien la naturaleza de sus antiguos compañeros, justifica actitudes y comportamientos ante los que resulta cómodo abusar del maniqueísmo, no reniega de una profesión que casi siempre ha padecido una notable turbiedad en las mejores crónicas del género negro.
De James Ellroy, que afirma que los libros de Wambaugh le ayudaron a sobrevivir en su desastrosa juventud, se sabe por su propio testimonio que fue carne de lumpen, drogota compulsivo, mendigo zarrapastroso, irredento profesional del palo callejero, obligado y permanente huésped de comisarías y cárceles, hijo de una puta asesinada y cuyo autor nunca fue trincado, cuyo enigma se convertirá en el protagonista de La dalia negra y de su desgarrada autobiografía Mis rincones oscuros. Se supone que Ellroy sabía mucho y de primera mano de navajeros y de parias al margen de la ley, pero que no tuvo contacto con los monarcas del organizado mal, pero su imaginación, al igual que su estilo literario, es prodigiosa. Está contando mejor que nadie el siglo XX en Estados Unidos a través de la historia de sus grandes crímenes. Y hace escalofriantemente veraces sus feroces retratos, su convicción de que nadie era inocente.
Llevamos demasiado tiempo buscándole un hijo legítimo a Philip Marlowe. Que cada cual escoja el suyo, aunque no está nada claro que entre su prolífica descendencia haya nadie a su legendaria altura artística y moral. Tampoco una prosa tan ácida y poética como la del escritor que le parió, su capacidad descriptiva, su atmósfera, sus imborrables frases plasmando ambientes y estados de ánimo, sus diálogos veloces y sabrosos. Yo tengo debilidad por las novelas de Lawrence Block y por el personaje de Matt Scudder, su sentido de culpa, su fidelidad a Alcohólicos Anónimos, su necesidad de redención. Donald Westlake y Elmore Leonard a veces me hacen mucha gracia y otras menos.
Y no he conseguido engancharme excesivamente a Michael Connelly, aunque gente que respeto es absolutamente adicta al racional, sensible y muy humano detective Harry Bosch y al trasplantado corazón del ex agente del FBI y cazador de asesinos en serie Terry McCaleb. Las novelas de Connelly, a diferencia de las de Chandler, tienen un punto de partida basado en la experiencia propia, en su trabajo como periodista de sucesos que le servirá después para construir y alimentar sus ficciones.
Acabo de leer Crónicas de sucesos, la recopilación de los reportajes que publicó en los periódicos South Florida Sun-Sentinel y en Los Angeles Times. Dividido en tres secciones, tituladas 'Los policías', 'Los asesinos' y 'Los casos', ofrece su notaría directa de lo que forjaría su vocación de novelista. Esas crónicas son irregulares, en función del interés de sus contenidos, nada sensacionalistas ni manipuladoras, están muy correctamente escritas, pero sólo a los fans incondicionales les pueden resultar apasionantes. Es sabroso su seguimiento de un grupo de policías de Los Ángeles que actúan con la eficacia letal y la impunidad de un escuadrón de la muerte. También el tragicómico retrato de una banda de surrealistas y chapuceros mercenarios que se anunciaban en la revista Soldados de Fortuna y que casi siempre fallaban o se equivocaban en la ejecución de sus víctimas. Es un libro para coleccionistas, para constatar el proceso iniciático de Connelly en un universo de violencia interna y externa, los conocimientos sobre personajes y situaciones que almacenó en su trabajo cotidiano, en su contacto con la sangre y el horror.
David Simon, antiguo periodista de sucesos, no escribe novelas, sino que en compañía del ex detective Ed Burns se ha inventado la serie de televisión más hipnótica, inteligente, realista y documentada de los últimos años. Estoy hablando de The Wire. Policías, camellos, políticos, mafiosos y periodistas están dibujados con la precisión, el conocimiento y la inteligencia de un observador con ojo, oído y memoria privilegiada. Todo en ella huele a verdad, una verdad terrorífica. -
Crónicas de sucesos. Michael Connelly. Traducción de Javier Guerrero. Ediciones B. Barcelona, 2008. 336 páginas. 19,50 euros. La quinta temporada de The Wire se emite los domingos a las 22.00 en la cadena TNT.