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Tuesday, January 17, 2012

Alejandra Pizarnik / Diarios / Buenos Aires, 1965

Canasta de luz, 1989
Fotografía de Flor Garduño

Alejandra Pizarnik
BIOGRAFÍA
BUENOS AIRES, 1965

18 de abril
No escribo más este diario de una manera continuada. Tengo miedo. Todo en mí se desmorona. No quiero luchar, no tengo contra quién luchar. Todo esto es tan viejo, tan cansado. Ojalá pudiera no mentir nunca.
…
30 de abril
Vergüenza de hablar, pero vergüenza en un sentido lato.
Amor a los demás desde la soledad. No amor sino ganas de llorar por los demás (yo incluida). Todo tan frágil. Y sin embargo no comprendo a los demás. Hay una zona —la del afecto más puro— que he llagado a discernir y, de algún modo, a hacer consciente. Una hermosa posibilidad, no de comprensión, sino de intercambio de calor. Pero es efímera, es como la alegría de la ebriedad o un canto. Son instantes en que no se trata de nada físico pero se siente calor y se está dispensado del yo y de sus malditos agravios. Ayer, J. C. lo sintió y quiso irse a un rincón a conversar conmigo pero yo tuve miedo pues para él era un acontecimiento esa permisión —tal vez la primera— de liberar su afectividad. ¿Miedo de qué? De que se apagara el calor —o el fuego— con el cambio de lugar. ¿Por qué tengo miedo? Esto no es un cuento de hadas. Sí, lo sé. Aún iré al bosque a danzar y a cantar con los otros niñitos.
13 de mayo
Preguntar. No tengo qué. Deslumbrada. Mentidamente deslumbrada. Miedo de caer dentro de mí. ¿La locura? Miedo de encontrarme con alguien más fuerte que yo… Me gustaría consumirme sin escándalo. Los miedos espurios. Los miedos adyacentes. Corregir la locución. La manera de sentir la garganta. ¿A quién decir que sufres?... Basta de poemas, me digo. No. Debo persistir en los pequeños fragmentos. No hay otra cosa… Pero lo peor es mi temor tan activo a la enfermedad y a la muerte. O a la locura. Nunca me sentí más sola que ahora.
 23 de mayo
Lecturas sin fervor. Deseos de encontrar un método más refinado para percibir lo que leo.
El proceso de Kafka. Poemas de Cernuda. Poesías de Nerval.
Los personajes secundarios de El Proceso me interesan más que los principales, al menos en el capítulo I.
Paralelismos: Kafka, Quevedo, Nerval: caminar con impaciencia o plantarse en la ventana para acelerar la venida de quien se espera. Los dos primeros lo comentan con ironía.
Nerval: su preocupación por la técnica poética y literaria en general.
29 de mayo
Sin saber cómo ni cuándo, he aquí que me analizo. Esa necesidad de abrirse y ver. Presentar con palabras. Las palabras como conductoras, como bisturíes. Tan sólo con las palabras. ¿Es esto posible? Usar el lenguaje para que diga lo que impide vivir. Conferir a las palabras la función principal. Ellas abren, ellas presentan. Lo que no diga será examinado. El silencio es la piel, el silencio cubre y cobija la enfermedad. Palabras filosas (pero no son palabras sino frases y tampoco frases sino discursos).
Imposibilidad de fraguar símbolos. De allí la imposibilidad de escribir obras de ficción.
1 de junio
Las paredes abiertas, los muros han sido golpeados, las grietas, las fisuras, los orificios, ¿quién los cerrará? Esta pregunta, fácil de formular, es imposible de responder. El yo en forma de persianas abiertas de una casa de cuentos para niños. Esas mismas persianas, cerradas formarían un corazón verde con pequeños corazones que son hendiduras por las que pasa el aire. Pero no se pueden cerrar. O si se cierran, entonces sucede algo con las hendiduras pues el aire no pasa y los moradores de la casita del bosque parecen asfixiados. No. Nadie perece pues no se pueden cerrar. Más bien están heridos, heridos pero no muertos aunque bien quisieran estar muertos; están heridos por el viento filoso. No sé si por el viento o porque han entrado bandoleros que los hirieron, los despojaron y los abandonaron a su mala suerte. Ellos sueñan con el corazón verde y los pequeños corazones por donde venía el aire. En un principio tuvo que ser así. No iban a serles ahorradas las penas pero esas penas iban a ser distintas a ésta, tan pobre y tan humillante. No es terrible padecer sino padecer por causas humillantes, lo cual quita toda belleza a la ceremonia de los padecimientos que en un principio no se diferenció de las otras ceremonias.
6 de julio
Releo Isak Dinesen.
“Ecos”, no sé si es triste o alegre. No sobrellevo la felicidad de I. D. El sí feliz a pesar de todo. El dios aceptado con exuberancia, al que se dota de la mayor imaginación, la mayor comprensión y hasta de sentido del humor. Pero yo, ¿no quisiera ser feliz? Sin duda sí pero la palabra felicidad me suena ambigua, me resulta idiota. Alegría quizás menos pero las dos me hacen evocar los ojos luminosos y fuertemente “espirituales” de los vegetarianos.
Nada más difícil que apreciar la literatura española. Estoy leyendo las “Obras festivas” de Quevedo. Humor puramente verbal, a veces —raras veces— excelente y en general grosero y superficial.
…
9 de julio
Euforia al leer el cuento de Julio pues pensé en la posibilidad de un lenguaje que admite lo que sufro y siento. Evoqué ese lenguaje. ¿Qué hace falta para llevarme a su realización? Menos miedo.
Estoy amenazada. Hoy, sin embargo, confío en mi fuerza. Estoy definitivamente sola y confío en mi fuerza. Debería escucharme con más respeto.
…
11 de julio
Me horroriza mi lenguaje. Miento todo el tiempo. Si hablo miento. Hay que averiguar por qué. Hay que demorarse. Me gustaría escribir en forma muy simple y clara. Basta de retórica… Me pregunto cómo hacen los demás para soportar el hecho de vivir. Esta es otra cosa que sería bueno averiguar.
…
25 de julio
¿Y la literatura? Rotundo fracaso. Odio escribir con un nudo en la garganta pues me obliga a abstraer conceptos y a decir palabras huecas, y sonoras. Mi búsqueda de un lenguaje “puro” es una prueba de mi impotencia. No tengo nada que decir y si fuera menos —algo aunque sea— desdichada, no escribiría. No siento felicidad al escribir. Y sin embargo, anoche pensé, de algún modo pensé, por primera vez. Por eso, tal vez, amanecí llorando.
Si el escribir fuera lo mío no estaría siempre con esta seguridad de que lo principal de cada uno es indecible. Ni siquiera separaría lo principal de lo accesorio. Me limitaría a escribir. O, al menos, a investigar por escrito por qué lo principal es indecible. Y en verdad, cuando digo principal me refiero al deseo. Siento deseos y no puedo formularlos. Así los niñitos recién nacidos. Pero ellos lloran.
…
…Tengo que caer a este mundo. No puedo. No me interesa. Y sin embargo me interesa no enloquecer. Mi soledad es tortal y sin embargo no lo es. La pueblo falsamente. Imposibilidad de tocar los objetos con maestría y dulzura (…). Y no soy una sucia intelectual. Hay en mí algo definitivamente errado, desviado y torcido.
Me odio cuando adulo a los demás. Siempre lo hago, por indiferencia y por miedo y por sentir el juego falso de las relaciones entre unos y otros. Como un niño obligado a representar un papel en una obra de teatro escolar. Emito mi parte y me voy. Si me aplauden mejor. Y si no, veo que tuve razón al ser falsa y teatral. Esto es cierto: no me gusta conversar. Es, exactamente, como comer sin apetito. Por eso fracaso con los otros. Hablo —y a veces muy bien— sin necesidad de decir. En mi infancia hablaba mucho. En fin, es lo que creo recordar. Mis padres hablaban mucho. Sí, había una imposibilidad de quedarse en silencio. Y esto lo heredé. Por eso, a pesar de todo, París me ofrecía esa no obligación de hablar. Pero sería hermoso. Basta.
En el fondo yo odio la poesía. Es, para mí, una condena a la abstracción. Y además me recuerda esa condena. Y además me recuerda que no puedo “hincar el diente” en lo concreto.
Si pudiera hacer orden en mis papeles algo se salvaría. Y en mis lecturas y en mis miserables escritos.
Lo que no soporto de los argentinos es el tuteo excesivo. Ese: “Vos sos esto y aquello…” Ese juzgar abiertamente, en voz alta, creyendo que en ese momento se toca la zona de la sinceridad más pura.
…
17 de agosto
Intranquilidad nueva, como si el barco o el tren estuviera por partir y yo, con el billete en la mano, aún no he decidido si partir o quedarme.
Importante lo de la falta de límites.
…
Me asombra que la gente hable mal de los demás. Ayer, hoy, he escuchado numerosas críticas denigrantes. Esto me asombra. Lo comprendo pero me asombra.
Como si me esperara una tarea casi infinita. Así mi relación temporal con la gente y con mis trabajos. ¿Qué trabajos? En cierto modo no hago nada y por otra parte trabajo más que ningún condenado a trabajos forzados. Es siempre una cuestión filológica. Llamo “trabajo” a todo: aun a los paseos, a las lecturas, a los encuentros con amigos y conocidos, etcétera.
El art. Sobre ZF[1] peca de generalizaciones. Nostalgia de lo concreto, de los límites. No sé reconocer los límites. Cuando los tengo —en este caso el art. De ZF— los odio y quiero evadirme.
26 de agosto
Leí mi libro.
La muerte allí es demasiado real, si así puedo decir; no el problema de la muerte sino la muerte como presencia. Cada poema ha sido escrito desde una total abolición (o mejor: desaparición) del mundo con sus ríos, con sus calles, con sus gentes. Esto no significa que los poemas sean buenos.
¿Qué y cuánto exijo de los demás? Si pudiera mantener una distancia. No digo frialdad sino reserva y distancia. Por ejemplo, le confié demasiadas cosas a…
…
7 de septiembre
…
Carta no enviada: Una noche, en el jardín de lilas, quise decírtelo; no me dejaste. Hiciste bien, había que defender la noche, las lilas, el silencio. Ahora no puedo decírtelo.
…
28 de noviembre
No hay perdón fuera de la muerte. Por otra parte, ¿qué hacer con el perdón luego de otorgado o recibido?
Cada día que pasa es mejor que el que llega. On est foutue.
…


[1] Se refiere a la revista Zona Franca de Caracas, Venezuela


Monday, January 16, 2012

Alejandra Pizarnik / Diarios / Buenos Aires, 1964

Con corona
México, 2000
Fotografía de Flor Garduño

Alejandra Pizarnik
BIOGRAFÍA
BUENOS AIRES, 1964
8 de julio
EUFORIA al ver los cuadros de Enrique Molina. La pintura surrealista me alegra como nada en el mundo. Me alegra y me serena
Ayer leí “Un cuarto muy propio” de V. Woolf. su gracia, su humor delicioso. Aún así, creía leer un libro de otra época muy alejada. Importante aquello de “la muerte sin trabas…” Pero no se puede aplicar solamente a la mujer. El resentimiento, según V. W., impide la obra maestra. Sí y no. Además una propuesta no se mantiene siempre ni tampoco una denuncia. Pero V. W. se refiere a lo que C. C. llama “atención” y yo “aislamiento”.
H. A. M. de acuerdo conmigo en la falta de tradición, en la tremenda soledad que implica no tener raíces de ningún lado.
10 de julio
Prolongo la prisión, día a día prolongo mi autocondena.
…
Martes 21
…
Me queda muy poco tiempo de vivir. No espero nada salvo sufrir menos, cobrar algo de indiferencia…
Días pasados pensé: estoy sola pero soy libre. Luego me olvidé de seguir consolándome con este prejuicio. Nada mejor que la resignación, la aceptación. Pero estoy muy mal. No sé en qué descansar. Todo me es razón de espanto. Y cuando no es de espanto es de rechazo. Todo me rechaza. No creo estar viva ni deseo suicidarme. Hace poco tiempo que la muerte está en mí. Me horroriza. Antes, no, antes yo era candorosa. ¿Cuándo es antes? Antes del retorno a Buenos Aires. Mi descubrimiento más siniestro fue saber que aún puedo sufrir por cosas nimias. En París no era así. Comparada con la de aquí, mi manera de vivir en París, era magnífica. Y yo que le atribuía tantos términos infernales. Curioso: todo puede ser peor, con un poco de tiempo todo puede llegar a ser peor.
15 de octubre
La soledad de cada uno. No ser objeto de las miradas. Mirar en vez de ser mirada. Usar los ojos. Límites. No escribir, no preocuparse por escribir. No jugar a ser Flaubert. S. comprende. La que no comprende soy yo.
19 de octubre
Artaud. Deseos de escribir una página sobre su sufrimiento. Su tensión física; sus conflictos con el pensamiento, las palabras. Pero sin retórica, por favor, sin retórica. Lo que me asusta es mi semejanza con A. Quiero decir: la semejanza de nuestras heridas.
15 de noviembre
Final. Término. Qui a mal aux os comme moi… Al menos me estoy matando. Y ese sueño con la asesina y la víctima. Yo era las dos. Si salvas a la víctima tendrás que matar a la asesina. No entiendo cómo se agitan todavía las pasiones, cómo, de repente, me acometen sueños de normalidad (llegar a tener un hijo, por ejemplo).
Nunca he visto un ejemplo más palpable, más evidente, de alguien que tiene que suicidarse cuanto antes. ¿Cuánto antes, antes de qué?
Todo se debe a no sé qué gramática.




Saturday, July 9, 2011

Alejandra Pizarnik / Amantes




Elemental
Fotografía de Adam Albrec

Alejandra Pizarnik
AMANTES

Una flor
            no lejos de la noche
            mi cuerpo mudo se abre
a la delicada urgencia del rocío

Alejandra Pizarnik
Los trabajos y las noches
Buenos Aires, Sudamericana, 1965

Sunday, July 3, 2011

Alejandra Pizarnik / Diarios / París, 1963

Fotografía de Flor Garduño
 Alejandra Pizarnik
BIOGRAFÍA

PARÍS, 1963

2 de enero
No eres tú la culpable de que tu poema hable de lo que no eres.

9 de enero
El invierno da miedo. Miedo de que se vaya.
A fuerza de pensar y de sentir me convertí en una estatua. (Esto es poético pero es mentira.)
Pregunto si la poesía es tan trágica y terrible y temible como yo suelo decirlo. Después de todo, los pocos versos válidos que escribí se escribieron solos.

12 de enero
Soñé con el Polo Norte. Montañas de sal. Pájaros blancos sin ojos ni patas. Desierto de nieve con un armario de caoba oscuro en el centro. Los pájaros abrían y cerraban los cajones. Del último salta una niña del tamaño de mi mano. Lleva un sombrero lleno de plumas de varios colores: rojos, verdes y celestes. Después saca de su bolsillo un par de patines y se pierde en la lejanía.

13 de enero
Releo Crime et Châtiment. Estoy afiebrada y fatigada como si fuera yo quien cometió los crímenes de R. Me duelen los brazos como si hubieran bajado el hacha homicida. Y sufro de un sufrimiento ajeno pero misteriosamente mío. D. de atiene a los detalles con una pasión que me enferma. Escenas en las que todo parece culminar pero que sólo son el principio de otro momento de exaltación que a su vez prepara otro.
Las injurias de R. por su sombrero absurdo y peligroso.
¿Por qué no hay un olvido de un crimen? Es decir, ¿por qué no tiene qué haberlo? Esto depende de la moral suicida. De que se la padezca o no.

2 de febrero
En suma, se trata de un problema musical o de un temblor en ese lugar al que se refieren los demás cuando dicen “alma”.

Saturday, July 2, 2011

Alejandra Pizarnik / Diarios / París, 1962

Hoja elegante
Fotografía de Flor Garduño

Alejandra Pizarnik
BIOGRAFÍA
PARÍS, 1962
19 de julio
Ni luz un sombra. Una inocencia total.

22 de julio
Pequeños suicidios silenciosos. Extraño haber caído tan al fondo después de tantas precauciones. Se caminó toda la noche a tientas: no se lloró; no se gimió; ni siquiera se respiró todo lo que se necesitaba. Pero te descubrieron igual. Como si nada.

25 de julio
Esta creencia mía de que escribiendo veré una señal, algo con qué seguir. Nostalgia pura, en estado de pureza apremiante. El viento feroz, la cueva de arpías que me remite a mi llamada de cada día.

3 de agosto
Hablar yo ya no puedo. Esta condena a un único alimento mágico.

31 de julio
Alguien muere de sed y no bebe porque no le viene la idea de unir el acto de beber al sentimiento de la sed.

9 de agosto
Vértigos. Sensaciones de muerte inminente. ¿Culpa de B.? ¿Culpa de mi educación?
“La culpa está en la lila que no florece.”

7 de septiembre. St. Tropez
Esta voz aferrada a las consonantes. Este cuidar de que ninguna letra quede sin enunciar. Hablas literalmente. No obstante, se te comprende mal. Es como si la perfecta precisión de tu lenguaje revelara en cada palabra un caos que se vuelve más evidente en la medida en que te esfuerzas por ser comprendida.

18 de septiembre
Ubicuidad de su rostro. Lo veo en todos los lugares que no frecuento. Una sola señal de su rostro y me iré al lugar de las desapariciones.

19 de septiembre
Ahora sería la hora de andar a solas en amistad con mi delirio.

28 de septiembre
Escribir un solo libro en prosa en vez de poemas o fragmentos. Un libro o una morada en donde guarecerme.

23 de octubre
De niña yo sonreía, yo aprobaba. Mi memoria vela el cadáver de la que fui. Voz de la violada alzándose en la medianoche. A pesar de mis cualidades de humorista digo que un infancia ultrajada merece el más grande silencio.

11 de noviembre
Sueño. Me dijeron: despierta porque pronto será tarde para abrir los ojos. Quien vea lo que verás no retorna al lugar de los despiertos.
Yo dije: tengo que descender al último fondo.
Me arrastraron a un ámbito negro. Todo empezó a dolerme con un dolor nuevo. En mitad de la asfixia hice cálculos; serenamente comparé la vigilia y el sueño y dije: Háganme doler si así lo quieren. Yo tengo que descender hasta el último fondo.

29 de diciembre
Cambio de color de papel, de color de tinta. Escribo llorando. Escribo riendo. Escribo contra el frío y el miedo. En vano escribo. El silencio me ha corroído: quedan algunos poemas como huesos de muerto que cincelo en mis noches miedosas. Se ha perdido el significado de la palabra más obvia. Y aún escribo, aún me precipito con urgencia a narrar estados de asombro y de ira. Una levísima presión, un nuevo reconocimiento de lo que te acaba y ya no escribirás. Estamos a pocos pasos de una eternidad de silencio.

Friday, July 1, 2011

Alejandra Pizarnik / Diarios / París, 1961

Fotografía de Flor Garduño

Alejandra Pizarnik
BIOGRAFÍA
PARIS, 1961

2 de enero
AQUELLA mañana tuve miedo. No. No fue aquella mañana. Es esta mañana. Es ahora. Me repito que aquella mañana tuve miedo. No es verdad, no fue en la parte menos visible del verbo, es ahora, me despierto, tengo miedo. Me he mirado las piernas y he subido mis ojos por mi cuerpo, lentamente, como un cuidadoso pensamiento asesino. Éste es mi cuerpo, dije. Me desperté y he visto. Manos en mi garganta. Qué idiota soy.

3 de enero
Escríbame, dijo, escríbame de usted. Escríbele hasta que te enredes en los hilos del lenguaje y caigas herida de muerte.

5 de enero
El horror de habitarme, de ser —qué extraño— mi huésped, mi pasajera, mi lugar de exilio.

7 de enero
Todo lo que le dije lo arrojaba por inservible. Mi amor en harapos volaba como un paquete absurdo y nauseabundo.

8 de enero
En la rue Gay-Lussac un automóvil viejo lleno de cajas de cartón. Sentado entre ellas, un anciano de pelo blanco, abrigo y sombrero negros, rostro hermoso y tristísimo. Me dije que nadie sino yo sabe que este hombre está triste dentro de de un auto muy viejo en una calle desierta. Pero de pronto me dije: ¿Y si este hombre no existe, si no existiera? Me acerqué y en efecto, no había nadie.
Estoy muriendo como “El niño que enloqueció de amor”.
¿Y si G. me envidiara mi amor por él?

9 de enero
Odio mi cara pues la miro a través de sus ojos. Esta cara no supo fascinarlo.
Amo. ¿Qué se hace en este mundo cuando se ama así?

13 de enero
Soñé con estos versos:
ô saisons, ô chateaux
quel âme est sans défaut

14 de enero
Soñé con Rimbaud.
Par litterature,
j’ai perdu ma vie.

15 de enero
Como si debiera sufrir por él. En verdad no quiero verlo ni me importa. Pero es como si debiera sufrir por él. Como si lo terrible fuera quedar sin rostros concretos y reales y que mi nostalgia se limite a un sonido, un perfume.

16 de enero
Anoche me sentí tan lejos de G., tan consciente de su irrealidad, que decidí escribir un relato de mi amor inexistente. Hoy despierto con la dulzura de su rostro frágil en mi memoria, hoy está tan bello en mi memoria que no acierto a comprender su dureza, su comportamiento sórdido. Hoy lo “veo” tan gravemente atento, tan maravilloso, que la esperanza renace de una manera perfecta. ¿Quién escribirá sobre el amor? No yo. Yo amo.

17 de enero
Confabulación de sombras para expulsar de la noche a la pequeña sonámbula.

18 de enero
Probarse vidas ajenas como vestidos heredados. Para no ver la propia desnudez.

2 de febrero
Nunca pensé en mis circunstancias personales: familia, estudios, relaciones, amigos. Me limité a sufrirlos como a testimonios opuestos al clima de magia y ensueño de mi memoria.
Como si aceptarme con mis circunstancias personales llevara implícito un renunciamiento a algo fabuloso. Es el viejo problema. De todos modos yo no existo.

3 de febrero
Sentimiento de lo provisorio. Escribo rápidamente y miro el reloj. Temo no tener tiempo. ¿Cuánto viviré aún? Leo con urgencia, miro y es vertiginoso. Corro. A dónde corro. Hay alguien presto a asesinarme.

27 de febrero
Imagino situaciones horribles para obligarme a actuar. Así la visión de los clochards para impulsarme a trabajar frenéticamente en la oficina sin pensar en las pocas probabilidades que tengo para llegar a ese estado pues en cualquier momento puedo volver a Buenos Aires —a mi hogar burgués. Lo mismo el viernes pasado cuando vi la obra de Brecht y me asusté mucho como si mi caída en la miseria fuera inminente.

1 de marzo
El ser se aduerme, cae en el deslumbramiento de sí.
Me enfermé del corazón. Es usted cardiaca —dijo. Por fin bautizaron mi vacío, mi silencio, mi ademán de idiota enamorada del aire.
Todo lo que digo y hago es para afirmar una continuidad de mi ser, la existencia de un lenguaje y un pensamiento propios. Pero yo habito el miedo, yo estoy suspendida del silencio. El remordimiento de no haber hecho algo por comprenderlo. Obligación formulada por una voz lejana.

6 de marzo
Soñé que cantaba. Cantaba como quien encuentra su voz en la noche. Cuando desperté canté varias horas frente al espejo. Por oír mi voz danzando —mi voz plegada a mí como la cuerda de un suicida—, tanto tiempo mi voz yacía en un nido de hilos rígidos, guardada en mi garganta en su imposibilidad de comunión. Entonces canté muchas canciones. Hubo como pruebas de mi voz, como los primeros pasos de la que decide bailar, la paralítica despidiéndose de su inercia.

8 de marzo
Si pudiera tomar nota de mí todos los días sería una manera de no perderme, de enlazarme, porque es indudable que me huyo, no me escucho…
El más grande misterio de mi vida es este: ¿por qué no me suicido? En vano alegrar mi pereza, mi miedo, mi distracción. Tal vez por eso siento, cada noche, que me he olvidado de algo.
16 de marzo
Ese estarse mirando debajo como mirando por la alcantarilla, silenciosa, sucia, agotada, cumpliendo mi castigo.
Ganas de aplastarme contra una pared, descuartizarme, ponerme una bomba.
18 de marzo
Más miedo que antes. Antes me disculpaba mi cara de niña. Ahora, súbitamente, me tratan como a una grande. Ya no me exceptúan por mi edad breve. Ya no es tan breve. Ya no me ampara mi cara de niña. Voy a una reunión y me sirven la misma porción, el mismo gesto de indiferencia. Lo descubrí ayer. Dije chistes obscenos, como de costumbre, y varias cosas crueles, como de costumbre, pero nadie me sonrió con ternura, como pasaba antes, cuando asombraba por mi rostro de niña precoz y procaz.

25 de marzo
Nada ni nadie se atreve a moverse, a girar, a rodar. Nunca se pone en marcha. Nunca abre la boca si no es para morder en silencio.
Estar bien es ser al modo de una estatua. Sufrir es ser un color blanco corriendo hacia una catarata ardiente. O como en una película muda el tigre devorando lentamente a la muchacha. Mi asombro ante mis poemas es enorme. Como un niño que descubre que tiene una colección de sellos postales que no reunió. Cómo es posible que el silencio fructifique de esta manera, cómo es posible que con mi terquedad campesina lo labre tan bien. No sólo doy imágenes sino hasta reflexiones: me quejo, discuto, purifico, enciendo, corrompo, y todo ello con palabras que no son mías, y ni siquiera tengo demasiadas faltas gramaticales; todo sucede como si realmente fuera así, como si yo pensara, yo sintiese, yo viviera. Y no soy más que una silenciosa, una huérfana sordomuda, hija de algo que se arrodilla y de alguien que cae.

27 de marzo
Mi imposibilidad de conducirme, de expresarme y manifestarme, mi incomodidad primordial con los demás y conmigo. Y no obstante, en lo más hondo de mi borrachera, cuando me acosté al alba, pensé en G. y supe que lo amaba. No a un rostro inventado sino a él con su rostro, el suyo real. Y me asombró que no se hubiera producido un encuentro maravilloso entre él y yo porque es la primera vez que amo un rostro tal como es. Yo sé bien que sólo me salvaría si G. me amara. Si el perseguidor fuera él, el que ama, el que desea. Porque yo, desde hace muy poco tiempo, me resisto a llamar a puertas extrañas y donar mi amor, darlo para que lo arrojen por inservible. Algo oscuro en mí ha adquirido un orgullo sin desenlace y nunca más podré llamar y comenzar a rogar. No obstante, ayer, mientras bebía y decía y escuchaba las idioteces habituales sentí como una mano helada en el cerebro y una voz que exclamaba: “Qué vieja la necesidad de amar. Qué imposibilidad  de una mano amiga. Qué deseo rotundo y aniñado de no dormir sola esta noche. Qué deseo absurdo y absoluto de que G. me llame al alba y confiese que me ama.” Esto es locura. Pero tendría que suceder este milagro. No sólo por mí sino por todos.

28 de marzo
He soñado que le decía a G. que en cuanto veo a una persona puedo adivinar de qué manera morirá. “Por ejemplo tú te vas a suicidar”, le decía. Pero tal vez se trata de mí, sólo de mí. Anoche hice gimnasia yoghi para olvidar que lo encontré por la tarde y como siempre me dejó pidiendo. En el fondo todo esto me da risa.

29 de marzo
Mi corazón disuelto en pequeños soles negros naufraga hacia donde no hay olvido. No hay olvido y el esfuerzo de ser, el esfuerzo de vestirse de sí misma cada día y remontarse como a una ciénaga, arrastrarse como a un duro cadáver, bolsa de chillidos y maldiciones y cosas muertas y puños cortados. La vía alcohólica del cielo percute en mi memoria iluminada como una galería de espanto en la que alguien busca con ardor. Viviera en algo más pequeño, no llamado, no designado, cuya única característica fuera su silencio lujurioso.

13 de abril
La sensación inigualada de estar demás, de estar de sobra en mí, no me necesito para vivir, no me pertenezco, no sé qué hago en mí, para qué me sirvo.

15 de abril
La vida perdida para la literatura por culpa de la literatura. Por hacer de mí un personaje literario en la vida real fracaso en mi intento de hacer literatura con mi vida real pues ésta no existe: es literatura.

20 de abril
Hoy, aún en duermevela, corrí al espejo murmurando: “El sueño es una segunda vida, ¿por qué habría de escribir cuentos fantásticos si yo no existo, si debo de ser la creación de algún novelista neurótico?” Después retrocedí, el espejo me daba miedo, mis ojos alucinados, y me corrí de mí, desnuda, tropezando con las valijas, las ropas, los papeles (y en los papeles poemas y en los poemas este miedo, esta concentración inigualada en un dolor viejo, indiscernible de mí).

22 de abril
En lo alto de la mañana los ojos se deslumbran en su color, se desnudan de su luz, se sumergen en su condición de sobrevivientes.

2 de mayo
Hubiera preferido cantar blues en cualquier pequeño sitio lleno de humo en vez de pasarme las noches de mi vida escarbando en el lenguaje como una loca.

Thursday, June 30, 2011

Alejandra Pizarnik / Diarios / Paris, 1960


Abrazo de luz
Fotografía de Flor Garduño
Alejandra Pizarnik
BIOGRAFÍA
PARÍS, 1960

1 de Noviembre
FALTA mi vida, falto a mi vida, me fui con ese rostro que no encuentro, que no recuerdo.

24 de noviembre
Ampararme en la imagen de mí dibujada por mis ojos mudos. La pieza se cerró y la luz se amaba en la soledad. Todas las cosas estaban de parte mía. Tensión insoportable de los colores y las formas.
La luz se abrió como una herida. El cuerpo sin cabeza entró apartando con un gesto brusco la cortina inexistente. Me hundí en la cama y el cuerpo me siguió. Las cosas hicieron un seco ruido como un músculo al distenderse. Me hundí en lo oscuro del abrazo y no vi más que sus labios.

11 de diciembre
Soñé:
Un bosque, me adelanto hacia mi enemigo que está apoyado contra un árbol y sonríe. Aterrorizada me doy vuelta y me encuentro con el mismo árbol y el mismo hombre. Todo se desdobló: el sol, el árbol, el hombre. Todos excepto yo que no sé si avanzar o retroceder.
Al despertar pensé en Nerval y me dije:
¿Por qué no haré también yo un esfuerzo por ordenar y aclarar mi obsesión? Y decidí anotar lo que se refiere a mi sentimiento de orfandad.

15 de diciembre
No sé cuándo empecé a buscar a esa persona. No sé quién es esa persona. No la conozco. Es raro cómo y cuándo la busqué. Soy dos ojos, me decía (me dije, me digo). Yo ya no soy yo, yo soy mis ojos. Busquen. Entre las hojas muertas, en los árboles filosos, en el sí y en el no, en el revés y el derecho, en un vaso de agua y en mi sed de siempre. Buscaba entre las multitudes, ello no quiere decir que miraba todos los rostros. Procedía por eliminación, yo sabía el color de sus cabellos, la forma de su cabeza, y con una mirada veloz volaba por sobre todas hasta convencerme de que la buscada faltaba. He mirado. He visto. Y no encontré a esa persona que me dirige desde su cueva de invisibilidades.

18 de diciembre
Noche crucial. Noche en su noche. Mi noche. Mi importancia. Mí misma. La asfixiada ama la ausencia del aire. Memorias de una náufraga. Sueños de una náufraga. Qué puede soñar una náufraga sino que acaricia las arenas de la orilla.

21 de diciembre
Anoche tomé agua hasta las tres de la madrugada. Estaba un poco ebria y lloraba. Me pedía agua a mí como si yo fuera mi madre. Yo me daba de beber con asco.

23 de diciembre
El bosque estaba oscuro. Por eso las hojas suspendidas de las ramas amenazaban con un color negro, no verde. "Es mentira todo", pensé, "hasta lo que me decían del color de las hojas". Tenía tanto miedo que no sabía si avanzaba o retrocedía.

24 de diciembre

Desperté viéndome como un cuerpo sin piel, una llagada.

25 de diciembre
Aún el sueño de anoche, aún la visión de G. iluminado como un santo, erigido en mi confusión como el dios de la lluvia en el cerebro de un salvaje. Más que nunca sé que G. no corresponde a esta imagen que me delira. Y más que nunca quiero llamarlo, al verdadero, y pedirle que venga.
Comme un fou, je vis penché sur un visage que j’adore secrètement et dans je planterais volontiers un couteau.
Ces imaginations me tuens.
CENDRARS

31 de diciembre
Cuando entré en mi cuarto tuve miedo porque la luz ya estaba prendida y mi mano seguía insistiendo hasta que dije: Ya está prendida. Me saqué los pantalones y subí a la silla para mirar cómo soy con el suéter y el slip; vi mi cuerpo adolescente; después bajé y me acerqué nuevamente al espejo: Tengo miedo, dije. Revisé mis rasgos y me aburrí. Tenía hambre y ganas de romper algo. Me dirigí a la mesa y quise escribir un poema pero temí aumentar el desorden de los libros y papeles. Me mordía los labios y no sabía qué hacer con las manos. Me asustaba saberme andando por la piecita desordenada, con la boca devorándose y la memoria petrificada.