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Tuesday, February 8, 2011

Gustave Courbet / El innombrable y peligroso origen del mundo



Gustave Courbet
EL INNOMBRABLE Y PELIGROSO 
ORIGEN DEL MUNDO

Por Sergio Darío


Este óleo es probablemente el más proscrito de la historia de la pintura. Es una obra de arte, nadie lo pone en duda. Su autor, Gustave Courbet, es una figura innegable de la pintura mundial. Está expuesta en el Museo de Orsay de Paris, también conocido como el Museo de los Impresionistas… pero Facebook no lo quiere ni en pintura en su web.




Esta es la noticia, publicada en un diario francés. Pero no es la primera vez. Hace unos años canceló la cuenta de otro usuario por idéntico motivo.

No me importa admitir que su presencia me impactó cuando lo vi por primera vez, colgado entre otras obras maestras de autores impresionistas, en su Museo de la antigua estación de ferrocarril de Orsay, en una sala contigua a la de Van Gogh.

No conocía su existencia. No me lo esperaba “allí”. Pero es perfecto, es lógico, ese es su lugar. Su contundencia transgresora ayuda a reubicarte: aquello no es el Louvre.

Los impresionistas surgen del rechazo de los academicistas. Sería acertado decir que toman impulso de aquel rechazo y se levantan sobre él, como una ola rebasando un dique. El propio término “impresionistas” es un calificativo despectivo de un crítico oficialista de la época. Los impresionistas fueron, en sus orígenes, rebeldes, contestatarios, inconformistas, transgresores, eclécticos, innovadores… y cotidianos.

El Salón de los Rechazados expuso, entre otros, Almuerzo sobre la Hierba de Manet, en donde una mujer totalmente desnuda departía, sosegadamente, con dos caballeros impecablemente vestidos, todos apaciblemente sentados sobre la hierba de un paraje boscoso. Tres años más tarde, Olympia, también de Manet, escandalizó una vez más porque su maravilloso desnudo no era el de una diosa del etéreo universo mitológico grecorromano. Es una prostituta de un burdel de Paris. Como las que él y sus irritados detractores conocían bien. Tanto la modelo de Almuerzo sobre la Hierba como la Olympia miran al espectador, nos miran, directamente a los ojos. Ellas están serenas… nos invitan a sentarnos a su lado, nos interrogan, nos desafían.

Costo décadas romper el rechazo que aquellas imágenes causaban en un público que daba por hecho que la pintura tenía, como principal objetivo, el ornato y el exhibicionismo técnico.

Coubert representó, en muchas ocasiones, el cuerpo desnudo con gran maestría y también con gran sensualidad: El Sueño, Mujer en las Olas… pero con El Origen del Mundo (1866) Coubert dio un paso más allá. Este pequeño lienzo de 46x55 nunca ha sido aceptado con, digamos, naturalidad.

Probablemente no es ni siquiera el motivo en si, sino por la forma en que nos lo presenta, con los miembros y la cabeza cercenados o fuera del encuadre, y sin otra referencia “humanizante” que la de los pechos al fondo.

La obra rodó de mano en mano, pero siempre en ámbitos privados, secretos e íntimos, como un objeto vergonzante. Desde su subasta en 1868 hasta su exhibición definitiva en Orsay en 1995, la obra nunca estuvo expuesta abiertamente al público. Ni siquiera conocemos el título original. Sus sucesivos propietarios la admiraban tanto como les ruborizaba que se supiera que estaba en su poder, por lo que la obra siempre estuvo oculta de una u otra forma, incluso detrás de otros cuadros. Hay incluso un largo periodo de tiempo en el que se desconoce su dueño y paradero.

En el ya muy moderno Paris de 1977 esta obra no se incluyó en una retrospectiva de Coubert. Para evitar males mayores…

El argumento que Facebook utiliza para defender la retirada de la cuenta del usuario “exhibicionista” es este: “Facebook pretende así convertirse en un lugar virtual seguro para los visitantes, incluidos los numerosos niños que lo utilizan"… si, está bien escrito: SEGURO, un lugar “seguro” (sin coños), especialmente “para los niños”…

Bien mirado, y teniendo en cuenta que el parto, según muchos especialistas, es un episodio traumático para el recién nacido, es posible que los censores de Facebook estén tratando de evitar que afloren dolorosos recuerdos del subconsciente de los niños, que lo tienen más reciente. Eso o es que son unos mojigatos.

De cualquier manera, es evidente que en el siglo XXI el coño sigue siendo un elemento de poder, y así, libre y sin dueña, un peligro.








Monday, February 7, 2011

Gustavo Courbet / El orígen del mundo



Gustave Courbet
EL ORIGEN DEL MUNDO
(L'ORIGINE DU MONDE)
Por Eduardo García Aguilar

El origen del mundo, cuadro que representa de manera realista el sexo femenino, pintado en 1866 por el gran artista Gustave Courbet, es uno de los más famosos y misteriosos de Francia. Podría decirse que es la Gioconda venérea. Su último propietario después de un siglo de existencia clandestina fue el psicoanalista Jacques Lacan, quien lo tenía escondido en su consultorio tras otro cuadro superpuesto de André Masson y solía mostrarlo con coquetería a los amigos o tal vez a sus amadas pacientes.
   En manos del Museo de Orsay desde 1995, la imagen del vientre abierto de una mujer, la raya vaginal, el monte de Venus, los senos insinuados tras una prenda blanca y los fuertes muslos extendidos, ha suscitado todo tipo de análisis y reflexiones y muestra hasta qué punto Courbet fue un rebelde surgido de las revoluciones políticas y culturales francesas de 1848 y 1871. Sus preciosas obras con desnudos femeninos, como Las bañistas o La mujer y el loro, entre otros, escandalizaron, pero a la vez maravillaron a la vanguardia artística de la época.
   Courbet (1819-1877) fue uno de los pintores más importantes del siglo XIX y representa, al lado de novelistas y poetas como Baudelaire, Balzac, Flaubert y Maupassant, la energía creativa del progreso que explotó a mediados del siglo tras la era romántica. Después de las novelas góticas, los poemas lagrimosos o heroicos, el culto a los misterios y la heroicidad napoleónica, Courbet quiso mostrar la vida tal y como era, con desbordada fuerza realista, en esa época de cambios acelerados.
   Primero se inició con los retratos de personas cercanas y autorretratos como el magistral Desesperado, que ha servido para ilustrar las portadas de El Horla de Maupassant, y luego siguió con amplios panoramas de la vida en su natal Ornans, como atestigua Un entierro en Ornans de 1849 o El taller del pintor de 1855, obras enormes que son mundos dentro del mundo y parecen tener como objetivo reunir en un sólo espacio la esencia de un pueblo o de un artista lleno de fantasmas.
   El Grand Palais ha reunido ahora de manera excepcional más de cien obras de este artista, traídas desde los principales museos del mundo, desde varias ciudades norteamericanas o europeas y de colecciones particulares, lo que la hace una muestra excepcional. Ver de manera coherente la obra de este artista es un acontecimiento que tardará tal vez décadas en repetirse. Además, la exposición está acompañada de unas 60 imágenes fotográficas primigenias, ya que Courbet no sólo fue aficionado a ese nuevo arte sino que vivió el inicio de esa experiencia y utilizó algunas de las imágenes para realizar sus cuadros.
  Le encantaba posar para la cámara y a su vez captar a sus contemporáneos por ese novedoso medio que cuestionaba e interrogaba de frente a los propios pintores. Figuran fotografías de Gustave Le Gray, Auguste Belloc o Nadar, que fueron algunos de los fotógrafos que a mediados del siglo XIX comenzaron a devorar la realidad con sus lentes e inauguraron y abrieron el camino de la fotografía. Ese contrapunto da una nueva lectura a muchos de los cuadros de Courbet, como ocurre con su amplia obra paisajística y la dedicada a captar animales, caballos, lebreles, peces, aves.
   El siglo XIX mostraba su energía con la industria en todo su apogeo, creciendo a toda velocidad, se expresaba en la fuerza de los barcos que cruzaban mares y nuevos canales interoceánicos, en las minas, el crecimiento de las urbes de hierro, la aparición de la locomotora y de los transportes públicos y el inicio de una desbocada globalización a través de la tecnología, que rompía fronteras y naciones y creaba nuevos y voraces imperios. Al mismo tiempo el pensamiento se hacía más positivo y concreto y las ciencias naturales y humanas saltaban hacia otros niveles de conocimiento.
   Todo eso puede ser leído en la vasta obra de Courbet, contemporáneo de Baudelaire y del socialista Proudhon, de quienes hizo retratos. En el rostro del Desesperado de Courbet se avistan ya Las flores del mal del gran traductor de Poe y los delirios de Aurelia de Nerval. Y aunque no quiso pintar las calles modernas de París ni sus grandes edificios, el cambio se percibía en los rostros de burgueses, pueblerinos o bohemios de su época y en los colores y la veracidad de sus imágenes bucólicas y eróticas.
   Cruzar los salones del Gran Palais, otra obra impresionante del siglo XIX al lado de la Tour Eiffel, y recorrer en este palacio de hierro la obra de este gran artista nos invita a mirar y leer con más atención un siglo que es más revolucionario y de vaguardia de lo que creemos. Y de paso podemos extasiarnos frente a los desnudos y el sexo bello, deseable y abierto de la mujer, que es origen del mundo, de la vida, la locura y el arte.


14 de enero de 2008



Gustavo Courbet
EL ORÍGEN DEL MUNDO
Cuando la mirada es la erección del ojo


“El Origen del Mundo” es un dibujo al óleo sobre lienzo de unos 55  por 46 cms, pintado por Gustave Courbet posiblemente en 1866, tomando quizá como modelo a su amante Johanna Heffernan. Como era de suponer, el cuadro causó sensación desde antes de salir del taller del artista y ha tenido una vida que bien pudiéramos adjetivar de algo más que accidentada y novelesca, hasta que por fin en 1981 ingresa en las colecciones del Estado de Francia y se expone en el Museo D’Orsay, éso sí, entre grandes medidas de seguridad por miedo a la reacción del público no iniciado.
   Para seguir la pista de la vida vergonzante de esta imagen, os sugiero la lectura de la novela de Bernard Teyss-edre Le roman de l’origine (La novela del origen), un libro de 420 páginas dedicado a esta obra.
   Quizá sea el sino, el estigma que marca a esta obra, el de llevar una vida proscrita y no apta para la contemplación abierta del público, pues ni los comisarios de una exposición retrospectiva de Courbet realizada en París en 1977 se atrevieron a exponerlo, a pesar de estar disponible, ya que aún hoy sigue despertando asombro, incredulidad y estupor a los no expertos.
  Pero artísticamente, que es de lo que solemos hablar en este blog, Courbet era considerado por otros pintores (y por el mismo) el adalid del realismo. Y sin embargo lo que llama la atención de “L’origine du monde” no es su realismo, más bien tenue. Aunque la textura carnal sea perfecta (y era el punto fuerte de la pintura de Courbet), la representación de la vulva (que es el punto focal del cuadro) no es mucho más realista que si se tratase de la clásica hoja de parra. Tampoco lo más chocante es la temática del cuadro, pues incluso cuadros de Ingres, anteriores a este en casi 50 años habían representado ya sin tapujos el sexo femenino, también desde el mismo punto de vista frontal.
  En este cuadro lo que llama la atención y lo que ha sido comentado por otros pintores como Delacroix, aún reconociendo la maestría de Courbet, es la composición de la imágen, pues al cortar de cuajo las piernas y brazos nos obliga a centrarnos, lo queramos o no, en el pubis de la modelo, plantándonos frente ‘a la cosa’ y enfrentándonos a la pudibundez que nos impide llamar sexo al sexo.
  Lo que a los pintores ha supuesto más de un problema, como veremos en repetidas ocasiones y llevó a proclamar al autor la famosa frase flaubertiana de “El coño soy yo”.

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