Tuesday, October 26, 2010

Emilio Sanz de Soto / Paul Bowles vive solo


Paul Bowles vive

Mi deseo no es otro que el de aportarle unos datos a Enrique Franco, cuyos conocimientos musicales me han llenado de asombro a lo largo de los años. Datos en exclusiva referidos al polifacético Paul Bowles, como así lo define el propio Enrique Franco en su artículo La tragedia lorquiana en la música (EL PAIS, 27 de diciembre).- Paul Bowles no ha muerto. Sigue vivo y gozando de buena salud en su retiro tangerino. Quien sí murió fue su mujer, Jane Bowles, la musa inspiradora de Truman Capote. Este ser fascinante falleció en Málaga en 1973 y allí está enterrada. Esperemos que ahora que la bella ciudad andaluza goza de un alcalde en nada ajeno a la cultura no olvide a Jane Bowles ni a otros escritores anglosajones (la lista puede resultar sorprendente) al llegarle el momento de rebautizar calles. Málaga fue cosmopolita mucho antes que existiera la Costa del Sol. Afortunadamente, la obra de Jane Bowles empieza a ser conocida de nuestros lectores gracias a la editorial Anagrama.
- E igual le sucede a Paul Bowles. Como novelista y autor de relatos breves (excelentes), ya no es para los españoles un desconocido. A la editorial Alfaguara se lo debemos y se lo agradecemos. Aunque muchos olviden que sus primera novelas pasaron ignoradas (por desconocimiento) ante los ojos de nuestros críticos: El cielo protector(Editorial Suramericana, 1954) y La casa de la araña (Luis de Caralt, 1958).
Pero quien ahora nos interesa es el Paul Bowles compositor. A pesar de gozar en su país, Estados Unidos, de merecido prestigio, y no ya como compositor, sino también como crítico y como musicólogo, en España apenas si se le conoce. Y ello es grave dado que Paul Bowles sí conoce en profundidad, tanto nuestra cultura literaria como nuestra cultura musical. Amén de hablar y de escribir el castellano a la perfección. E igual le sucedía a Jane Bowles.
- Como compositor, Paul Bowles buscó su inspiración por tres veces consecutivas en la obra de García Lorca: The Wind Remains, Cuatro canciones y Yerma.
The Wind Remains, al decir del propio compositor, es una zarzuela, y como tal la calificó en puro castellano. Está inspirada en escenas de Así que pasen cinco años. Hay en esta pieza una parte dialogada en inglés (traducida por el propio Paul Bowles) y otra cantada, sin traducir, que conserva el texto original de Lorca. Fue estrenada en marzo de 1943, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Leonard Bernstein dirigió la orquesta. Los decorados los iba a realizar Salvador Dalí. Incluso llegó a diseñar algunos bocetos. Ignoro el motivo que frustró tal colaboración. Lo que sí recuerdo es que Paul conservaba (y conservará) la correspondencia con Dalí referente a esta puesta en escena. Existe una grabación discográfica de The Wind Remains, editada por M. G. M., número E 3.549, con Caries Surinach (director de orquesta), Dorothy Rienzi (soprano) y Loren Driscoll (tenor).
Cuatro canciones (Cancioncilla, Media luna, Balada amarilla y Murió al amanecer), compuestas para voz y piano. En 1958 las dio a conocer en Nueva York la American Music Edition.
Yerma. De drama musical califica Paul Bowles a su partitura. Fue escrita para la muy particular voz de ese no menos particular personaje que fue Libby Holman. La traducción del texto lorquiano también es de Paul Bowles. Como bien dice Enrique Franco, se estrenó en la universidad de Denver (Colorado) en julio de 1958. Con Libby Holman (por supuesto) como Yerma y Caries Surinach al frente de la orquesta. Dos meses después (en septiembre) se estrenó en Nueva York. Existe versión discográfica, pero la ignoro.-





Friday, October 22, 2010

Nicanor Parra / Es el olvido


Nicanor Parra
ES EL OLVIDO

Juro que no recuerdo ni su nombre,
mas moriré llamándola María,
no por simple capricho de poeta:
por su aspecto de plaza de provincia.
¡Tiempos aquellos!, yo un espantapájaros,
ella una joven pálida y sombría.
Al volver una tarde del Liceo
supe de la su muerte inmerecida,
nueva que me causó tal desengaño
que derramé una lágrima al oírla.

Una lágrima, sí, ¡quién lo creyera!,
y eso que soy persona de energía.
Si he de conceder crédito a lo dicho
por la gente que trajo la noticia
debo creer, sin vacilar un punto,
que murió con mi nombre en las pupilas,
hecho que me sorprende, porque nunca
fue para mí otra cosa que una amiga.
Nunca tuve con ella más que simples
relaciones de estricta cortesía,
nada más que palabras y palabras
y una que otra mención de golondrinas.

La conocí en mi pueblo (de mi pueblo
sólo queda un puñado de cenizas),
pero jamás vi en ella otro destino
que el de una joven triste y pensativa.
Tanto fue así que hasta llegué a tratarla
con el celeste nombre de María,
circunstancia que prueba claramente
la exactitud central de mi doctrina.
Puede ser que una vez la haya besado,
¡quién es el que no besa a sus amigas!,
pero tened presente que lo hice
sin darme cuenta bien de lo que hacía.

No negaré, eso sí, que me gustaba
su inmaterial y vaga compañía
que era como el espíritu sereno
que a las flores domésticas anima.
Yo no puedo ocultar de ningún modo
la importancia que tuvo su sonrisa
ni desvirtuar el favorable influjo
que hasta en las mismas piedras ejercía.
Agreguemos, aún, que de la noche
fueron sus ojos fuente fidedigna.

Mas, a pesar de todo, es necesario
que comprendan que yo no la quería
sino con ese vago sentimiento
con que a un pariente enfermo se designa.
Sin embargo sucede, sin embargo,
lo que a esta fecha aún me maravilla,
ese inaudito y singular ejemplo
de morir con mi nombre en las pupilas,
ella, múltiple rosa inmaculada,
ella que era una lámpara legítima.

Tiene razón, mucha razón, la gente
que se pasa quejando noche y día
de que el mundo traidor en que vivimos
vale menos que rueda detenida:
mucho más honorable es una tumba,
vale más una hoja enmohecida,
nada es verdad, aquí nada perdura,
ni el color del cristal con que se mira.

Hoy es un día azul de primavera,
creo que moriré de poesía,
de esa famosa joven melancólica
no recuerdo ni el nombre que tenía.
Sólo sé que pasó por este mundo
como una paloma fugitiva:
la olvidé sin quererlo, lentamente,
como todas las cosas de la vida.

Thursday, October 21, 2010

Nicanor Parra / La montaña rusa


Nicanor Parra
LA MONTAÑA RUSA

Durante medio siglo
La poesía fue
El paraíso del tonto solemne.
Hasta que vine yo
Y me instalé con mi montaña rusa.
Suban, si les parece.
Claro que yo no respondo si bajan
Echando sangre por boca y narices.

Wednesday, October 20, 2010

Nicanor Parra / Padre Nuestro


Nicanor Parra

PADRE NUESTRO

Padre nuestro que estás en el cielo
Lleno de toda clase de problemas
Con el ceño fruncido
Como si fueras un hombre vulgar y corriente
No pienses más en nosotros.

Comprendemos que sufres
Porque no puedes arreglar las cosas
Sabemos que el Demonio no te deja tranquilo
Descontruyendo lo que tú construyes.

Él se ríe de ti
Pero nosotros lloramos contigo:
No te preocupes de sus risas diabólicas.

Padre nuestro que estás donde estás
Rodeado de ángeles desleales
Sinceramente: no sufras más por nosotros
Tienes que darte cuenta
De que los dioses no son infalibles
Y que nosotros perdonamos todo.


Karmelo C. Iribarren / Dos poemas



Karmelo C. Iribarren
DOS POEMAS

EL AMIGO

Llora cuanto quieras

sobre mi hombro,
desahógate,
cuenta conmigo
para lo que te haga falta.
Pero no te equivoques,
no soy mejor que él:
le envidio
cada una
de tus lágrimas.



ALGUNAS NOCHES

Algunas noches me arrimo
a tu calor bajo las mantas
como un niño asustado.
Necesito tocarte
urgentemente. Necesito
saber que está ahí,
que estarás siempre. Sentir
que tengo cerca a un ser humano,
y que no estoy tan sólo.


Karmelo C. Iribarren
El tamaño de los sueños


Tuesday, October 19, 2010

Karmelo C. Iribarren / Las ciudades


karmelo BLOG
Karmelo C. Iribarren

Karmelo C. Iribarren
LAS CIUDADES

Me gustan las ciudades, sus plazas,
sus calles, sus esquinas,
sentarme en la terraza de un bar
con un café delante
y dejar que pase el tiempo,
sin hacer nada, sin prisa,
observando esto y aquello,
y luego ir a alguna librería y revolver
un poco en los estantes,
y si hay río cruzar el puente
y repetir la misma operación al otro lado.
Me gusta estar solo entre la gente,
no ser nadie, no tener que ir a ningún sitio
pero poder ir a todos.
Me gusta la primera vez que me asomo
al espejo del baño del hotel,
ese momento de suspense,
recién llegado, cuando
no sabes si va a aparecer tu rostro
o el del último huésped, atrapado aún
en la memoria del azogue.
Me gustan los parques y los ríos
urbanos, pasear por ellos, a su lado,
especialmente en otoño.
Me gustan las ciudades, sí: andar.
mirar, vivir, enamorarme
de esa mujer del vestido rojo…


Monday, October 18, 2010

Karmelo C. Iribarren / No hay más


Karmelo C. Iribarren
NO HAY MÁS

Al principio
quieres
cambiar el mundo,
y al final
te conformas
con dejar el tabaco.

No hay más.

Así de cómico,
y así de trágico.