Tuesday, December 7, 2010

Maruja Torres / Patricia Highsmith y su gente


Patricia Highsmith y su gente

La escritora norteamericana participa en las conversaciones sobre 'novela policiaca y cine' en el festival de San Sebastián

 San Sebastián 20 SEP 1983
Llegó cansada a Donostia, pero lentamente la curiosidad se impuso y por la noche ya estaba lista para conocer la ciudad, en cuyo festival participará a partir de hoy, como figura invitada, en las conversaciones que, sobre novela policiaca y cine, van a celebrarse. Patricia Highsmith, 62 años y un rostro tan inolvidable como sus novelas, no vino sola: con ella, flotando en torno a ella como un hectoplasma, están sus personajes, obsesionados, perversos, activos o pasivos, hombres o mujeres.

ENVIADA ESPECIAL

Con Patricia Highsmith están, sobre todo, Ripley y Edith, dos caras de una misma moneda, el muchacho que se sobrepone a sus carencias por vía de la suplantación y el asesinato, y el ama de casa que pe rece aplastada por su propia vulnerabilidad.

Es atrozmente tímida, angustiosamente tímida, hasta el punto de que cuando, a las diez y pico de la mañana, te ofrece whisky puro en una copa de agua, aceptas con entusiasmo para ver si eso te libera de tu propia ansiedad ante la escritora. Es también desmañada. Pasea por la habitación del hotel como si no supiera qué hacer con su cuerpo, con sus manos, con las puertas del armario que se bambolean en un juego de espejos, con la bandeja del desayuno... Anoche, durante la cena, en vez de acercarme su cigarrillo para que le diera fuego, siguió sosteniéndolo entre los dedos y adelantó los labios hacia el mechero en un gesto que parecía un gag improvisado y que era puro despiste físico; y, a continuación, el Gitane envuelto en papel de maíz se le cayó de las manos, y todos nos reímos, ella la primera, aunque algo avergonzada de su torpeza.
De modo que esta mañana está nerviosa, y se nota que lamenta haber acordado la cita, pero es tan gentil, tan dulce a pesar de su rostro feroz, que se somete con amabilidad al martirio, y, para empezar, rechaza mi teoría de que Patricia Highsmith, que desde siempre ha elegido para vivir la soledad, como ha elegido Europa, encierra sus obsesiones en los libros para protegerse mejor, en la vida, de las amenazas que puedan acecharla.
"No, no, yo no me defiendo", dice. "No me protejo. Lo que hago es escribir las ideas divertidas que se me ocurren".
También niega que ella, tan poco sociable, haya creado a Ripley un poco como un alter ego a quien le gustaría parecerse, y no en los asesinatos, desde luego, sino en su forma de seducir a los demás: "No quiero ser Ripley. Por otra parte, es falso que sea siempre un seductor. Precisamente, Ripley conoce muy bien sus propios fallos, y eso hace que muy a menudo experimente inseguridad".
Está de acuerdo conmigo, sin embargo, en que su mundo de escritora resulta muy difícil de trasladar al cine: "Casi siempre, las películas se quedan en la anécdota, lo obvio". Alain Delon, para ella, sigue siendo el cuerpo más cercano que Ripley tuvo nunca en el cine: "Todo el mundo, en España, se enamoró de Alain Delon cuando le vimos haciendo de Ripley en A pleno sol", le digo. Se echa a reír: "Sí, parece que a René Clement, el director, le pasó lo mismo".
No obstante, abomina del final moralista de la película, y se la ve un poco distante del cine: "Yo no participo en los guiones de películas basadas en mis novelas, porque estoy muy poco dotada para escribir en imágenes. Por suerte, ahora tengo derecho a leer los guiones definitivos, a los que puedo o no dar mi aprobación".
Dice no estar dotada, para las imágenes, pero cuando dejó la Universidad, a los 21 años, permaneció durante un año estero escribiendo textos para comics. "Eso me permitió ganar algún dinero y tener una vivienda confortable, porque antes sólo disponía de una habitación sin baño". Nunca ha sido mujer de ataduras, de forma que en seguida se puso a trabajar en casa: "De hecho, nunca más volví a tener un trabajo fijo". Desde el éxito de Extraños en un tren, cuando tenía 26 años, escribe novelas y relatos, y lo hace sin horario fijo, sin una disciplina determinada, salvo la de acabar lo que tiene entre manos y reescribirlo hasta tres veces: "Si tengo sueño duermo hasta tarde, y me doy por satisfecha si escribo cuatro horas al día".
Siempre que tiene una idea para un libro viaja hasta el lugar en donde piensa situar la acción, para recoger detalles ambientales. Últimamente ha estado en Estados Unidos, para su última creación, People whoknocks at the door, que pronto será editada en España, por Anagrama. En este libro se halla presente una de sus principales preocupaciones: el aborto, y el derecho de las mujeres a decidir sobre el mismo sin que la Iglesia ni los políticos se inmiscuyan.
Bebedora de whisky y de cerveza, nunca de vino, amante de la comida mexicana, que le recuerda su Texas natal, mujer que pasó una etapa de su vida observando cómo vivían los caracoles que recogía y aislaba entre lechugas, físicamente elegante, con una voz muy rauca y unas ojeras grandes, cocinera para sus gatos gourmets, Patricia Highsmith es un enigma que se abre y se cierra. Lo que queda, al final, es un deseo profundo de conocerla bien, más allá de las entrevistas.










Lea, además
BIOGRAFÍA DE PATRICIA HIGHSMITH

DE OTROS MUNDOS
Patricia Highsmith / San Sebastián 1983
Patricia Highsmith / Lérida 1987
Escalofríos / Patricia Highsmith en la tele
Patricia Highsmith / Último adiós
Patricia Highsmith dejó al editor tres manuscritos inéditos
Patricia Highsmith / La dama que miraba el mundo como nadie
Patricia Highsmith / En la claustrofobia de una zona minada
Patricia Highsmith / Nunca quise matar a nadie, aunque no soy una santa
Patricia Highsmith / Suspense
Patricia Highsmith / Una sensación de peligro
Enrique Vila-Matas / Ripley en el recuerdo
Patricia Highsmith / Placeres crueles
Patricia Highsmith / Las sombras sexuales
Patricia Highmith / Letras de un lesbianismo prohibido
Elena Gosálvez / Diez años sin Patricia Highsmith
Patricia Highsmith / Mirando al abismo
Alberto Duque López / Misteriosa Patricia Highsmith
Patricia Highsmith / Biografía definitiva
Patricia Highsmith / Amores y obsesiones
Rosa Mora / El turbulento territorio Highsmith
Frases de Patricia Highsmith

CUENTOS DE PATRICIA HIGHSMITH
La mano
La tortuga
La heroína
El observador de caracoles
La coartada perfecta
La víctima
Un objeto de cama transportable
La bailarina

FICCIONES
Casa de citas / Fernando Aramburu / Patricia Highsmith


Monday, December 6, 2010

Boris Vian / El umbral de la inmortalidad


Boris Vian
El umbral de la inmortalidad

El umbral de la inmortalidad
Es bastante elevado, de piedra, con plantas,
Uno no advierte que lo está cruzando
Pero del otro lado
bandadas de pájaros sin alas y sin agua
Lanzaban gritos desgarradores.




Boris Vian
Le seuil de l'immortalité

Le seuil de l'immortalité
Est assez haut, en pierre, avec des plantes
On ne s'apercevait pas du tout qu'on le passait
Mais de l'autre côté
Des tripotées
D'oiseaux sans ailes ni sans eaux
Poussaient des cris d'échiran...


Sunday, December 5, 2010

Boris Vian / El cometa Vian

Boris Vian
El cometa Vian

MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO 22 ABR 2009

Pasó como un meteoro. Como si no pudiera detenerse ni un instante para comprobar si seguía avanzando en una dirección que, por otra parte, no se había trazado. En los treinta y nueve años de su existencia, Boris Vian (1920-1959) hizo de todo. Fue ingeniero (y chupatintas) y convirtió la bohemia de Saint-Germain-des-Près en una forma de vida: precisamente en el momento en que en las terrazas del Flore o de Les Deux Magots convivían pacíficamente los acólitos del existencialismo, reunidos en torno al patrón (el Jean Sol Partre de La espuma de los días), y los turistas que venían a ver lo que se cocía en el París liberado. Fue músico: letrista de canciones (y libretista de ópera para Milhaud), compositor, cantante y trompetista de jazz. Y poeta. Fue inventor y dramaturgo. Y traductor y guionista y crítico. Fue también novelista con dos registros: con su propio nombre para las novelas a secas, y con el de Vernon Sullivan para las de género (negro), que fueron las que le proporcionaron dinero suficiente para pasarlo bien de vez en cuando y adquirir el BMW de seis cilindros con el que se paseaba por el quartier con su primera mujer o Juliette Greco en el asiento del copiloto. Hizo de todo. Y, además, rápido.
Sus obras completas en La Pléiade suponen la entrada en un panteón que siempre le fue elusivo y que contemplaba con sorna
Ahora, cuando en Francia se conmemora el cincuenta aniversario de su muerte, el anuncio de que la biblioteca de La Pléiade publicará susOeuvres Complètes (novelas, cuentos, poemas, teatro, canciones, miscelánea, cartas) supone su entrada definitiva en un panteón literario que siempre le fue elusivo y al que contemplaba con curiosidad y sorna. Considerado un escritor menor, un novelista para adolescentes, su obra -muy difundida a partir de finales de los sesenta- ha sido leída con evidente reluctancia tanto por los partidarios de la literatura del compromiso como por aficionados a lo que Fernando Savater ha llamado "monumentos a la aerofagia" (un marbete que, por ejemplo, aplica a Las benévolas, de Jonathan Littell). Cuando lo que se llevaba era poner la literatura al servicio de una causa, Vian ponía la suya, sin un programa, al servicio del placer de contar historias que conmovieran. Historias también comprometidas, por supuesto: con la propia literatura y con el lenguaje, al que sometió a un vivificante proceso de deconstrucción (Vian también fue patafísico) y rejuvenecimiento.
Como muchos de mi generación, oí hablar de Boris Vian a finales de los años sesenta en el mismo paquete informativo en que recibíamos noticias de películas (aquí) prohibidas y de libertades de otros y de mundos menos grises y fascistoides. Alguien me hizo escuchar (en la voz de Reggiani, creo) su canción Le deserteur, cuya letra también inflamó a muchos de mis contemporáneos. Leí su gran novela de amor y juego y tragedia (La espuma de los días, 1947) el mismo año queRayuela (a Cortázar también le gustaba la literatura como juego y el juego de la literatura, y las historias de amor tristes y hermosas), de manera que no pretendo ser imparcial cuando animo a leerlo a quienes todavía no lo han hecho. Es, además, una literatura que a los jóvenes les suele producir un singular efecto: les da ganas de escribir.
En España se encuentran publicadas (con desigual fortuna) sus obras más significativas, aunque traducir a Boris Vian debe de ser un ejercicio tan agotador como traducir a Cabrera Infante. Estos días he vuelto a leer Escupiré sobre vuestra tumba, su mejor novela "negra". Cuando se publicó (1947) se convirtió en un best seller, pero fue prohibida dos años más tarde por obscena y violenta. A Boris Vian, que siempre estuvo enfermo del corazón, le encontró la muerte precisamente mientras veía la première de su adaptación cinematográfica. Antes les había dicho a sus amigos que no le gustaba nada.






Saturday, December 4, 2010

Boris Vian / La música que no paró

Boris Vian
La música que no paró

Francia evoca a Boris Vian medio siglo después de su prematura muerte - Gallimard glorifica su obra al publicar sus novelas completas en La Pléiade



La mañana del 23 de junio de 1959, Boris Vian sufría un ataque al corazón en el cine Le Petit Marbeuf, cerca de los Campos Elíseos, poco después de haber empezado a ver un pase privado de una película sobre una novela suya. Fue trasladado urgentemente al hospital. Moriría horas después, a los 39 años. Él mismo se había encargado de asegurar que no llegaría a viejo, y desde que fue adolescente supo que la dolencia cardiaca que le diagnosticaron entonces iba a jugar con él siempre al gato y al ratón. Un ejemplo: al terminar la Segunda Guerra Mundial, en una fiesta, sentados en la cocina de su casa, confesó a Simone de Beauvoir que un médico acababa de asegurarle que si no dejaba de tocar la trompeta moriría en diez años. No se sabe si aquella madrugada iba de farol. Pero acertó.
Ahora, Francia celebra el 50º aniversario de esa muerte con decenas de actos encaminados a acercarse a la multiforme personalidad y variadísima obra de un gran escritor que fue muchísimas cosas además de gran escritor: buen trompetista de una banda de jazz, crítico y cronista, traductor de escritores existentes y de otros inventados, ingeniero, actor, dramaturgo, cantante, animador de locales y una de las figuras clave del Saint-Germain-des-Prés existencialista del final de los años 40 parisiense.
El centenario, de hecho, comenzó un año antes: en 2008 se publicó una biografía de Vian titulada Le swing et le verbe, en la que los autores se acercan a la vida del artista desde su amor a la música. Hace unos meses, Gallimard publicó otra en su colección Découvertes, en la que abundan las fotografías inéditas y la reproducción de manuscritos, de dibujos y de portadas de discos. No es casual que se sucedan este tipo de libros. Claire Julliard, otra biógrafa del artista, asegura en un prólogo: "Su vida es una de sus más logradas obras".
Nació en 1920 en Ville- d'Avray, cerca de París, en una familia acomodada, cultivada y feliz. Su padre era un ser adorable que se vio obligado por primera vez en su vida a trabajar a los 36 años de representante comercial después de que el derrumbe de 1929 hiciera tambalear su desahogada posición de rentista. Su madre poseía un fino instinto musical (tocaba el arpa entre otros instrumentos) que heredaron sus hijos. Boris vivió una infancia dichosa al lado de sus tres hermanos y de algunos vecinos: Yehudi Menuhin recordaría muchos años después que lo que más envidiaba de los Vian era la inmensa cantidad de bicicletas que había en una casa de tantos hermanos.
A los doce años, para espanto de su madre, un médico le diagnosticó el reumatismo cardiaco que iba a condicionar su vida para siempre y del que acabaría muriendo años después. Casi paralelamente descubre el jazz proveniente de América, por el que sentiría una devoción mucho más fiel y constante que por la literatura. Autodidacta, precoz e inteligente, ingresó en una escuela de ingeniería mientras reunía sus poemas con las esperanza de publicar su primer libro.
Se casó, tuvo su primer hijo y en tres meses escribió una de sus obras maestras, La espuma de los días. La presentó a un premio de la editorial Gallimard, pero fracasó. Corría el año 1946. Despechado, prometió a un amigo editor arruinado escribirle en quince días unbestseller a la manera de las novelas negras americanas a fin de sacar a ambos del bache económico. Lo cumplió. Al regresar de unas vacaciones le entregó Escupiré sobre vuestra tumba. Entre ambos inventaron al autor, un escritor negro llamado Vernon Sullivan que no concedía entrevistas ni quería desplazarse a Francia. Vian aparecía como simple traductor. La obra fue denunciada por pornográfica, y Vian, a fin de presentar pruebas de su trabajo, se vio obligado a traducir (esta vez de verdad) el original al inglés. Un crimen morboso (un hombre mató a su mujer y luego se ahorcó en una habitación de un hotel de París dejando en la mesilla de noche un ejemplar abierto de Escupiré...) disparó la notoriedad del falso autor y las ganancias del traductor y del editor.
Mientras tanto, su propia carrera de escritor languidecía. Había escrito dos libros más (La hierba roja y Otoño en Pekín) que Gallimard se había negado a publicar. Poco después decidía abandonar la novela y volcarse en el jazz, en el teatro, en la poesía y en la canción. Conoció a los grandes: Duke Ellington fue el padrino de su hija, y el escritor confesó que el día que asistió por primera vez a un concierto suyo fue uno de los tres más felices de su vida; se convirtió en un emblema del barrio de moda, Saint-Germain-des-Prés, y en un asiduo de las cuevas-clubs donde se escuchaba música con un ambiente tan cargado de humo y de filosofía que hacía falta mucho valor o una mascarilla de gas para adentrarse sin perder el equilibrio. Compuso más de 200 canciones, alguna tan célebre como El desertor, transformada en himno antimilitarista muchos años antes del Mayo del 68.
Ahora, Saint-Germain-des-Prés organizará una exposición dedicada a esa época; un grupo de cantantes, entre los que se encuentra Carla Bruni, tienen previsto grabar un doble álbum con temas suyos; decenas de teatros por toda Francia representan sus obras, y grupos teatrales hacen adaptaciones de sus textos. Todos sus volúmenes editados en bolsillo gozarán de nuevas portadas, y la editorial Gallimard, que tanto le dio la espalda en vida, publicará en 2010 sus novelas completas en la colección La Bibliothéque de la Pléiade. Significará la consagración oficial de un escritor que jamás se quiso consagrar o al que al final le dio lo mismo. Hay anunciadas actuaciones de jazz, un portal de Internet que agrupa todos los actos (borisvian2009.blogspot.com) y el 23 de junio, la fecha de su muerte, la Biblioteca Nacional francesa enseñará el manuscrito de La espuma de los días a quien quiera verlo.
Ese día se cumplirán 50 años exactos de esa mañana en que Vian veía una película basada en una novela suya cuando comenzó a morirse. Era, cómo no, Escupiré sobre vuestra tumba. Sintió la enfermedad abalanzarse sobre él y quedó exánime en la butaca, con la cabeza echada para atrás. Sus amigos se aprestaron a ayudarle. Pidieron que detuvieran la emisión de la película. Pero nadie pudo evitar que la banda sonora siguiera sonando. Una amiga suya comenzó a gritar lo que tal vez fue lo último que oyó en su vida:
-¡Parad la música! ¡Que pare la música!




Friday, December 3, 2010

Boris Vian / Traducción o venganza

Boris Vian


"Boris Vian", ¿traducción o venganza?


Los denominados poetas malditos suelen gozar de una celebridad más o menos sombría transcurrido un conveniente lapso de año sobre sus, generalmente prematuros, óbitos. El afán recuperador de las culturas oficiales (perdón por la omisión de las mayúsculas) suele, integrar en sus paraísos de purpurina a aquellos que, en vida, huyeron a través de vías marginales de estos sancta sanctorum apolillados, e incluso a quienes, y este es el caso de Boris Vian, zahirieron con su obra y con su vida los más respetables valores de la poesía.Boris Vian, cuyo único título en esta tierra, fuera él de ser Gran Sátrapa de la Orden Patafísica, virtuosa asociación fundada sobre las teorías del Alfred Jarry, padre deUbu, que recorriera al mismo tiempo y con vertiginoso paso todos los caminos. de la creación artística como novelista, autor teatral trompetista crítico de «jazz» poeta, novelista, traductor, cantante y un sin fin de oficios paralelos, Boris Vian odiado y menos preciado por los críticos de su tiempo y alabado por los críticos de este tiempo, en muchas ocasiones los mismos (Vian murió en 1.959; los críticos han sobrevivido), Boris Vian, que se burlara incluso de su propia muerte, ha sido burlado entre nosotros con una burla desmañada y estúpida, una broma pesada sin gracia alguna. La broma ha consistido en la edición de un libro biográfico con antología de textos que, bajo el título de Boris Vian por Jean, Clouzet, se acaba de poner ala venta bajo la responsabilidad de una editorial que hasta ahora había mantenido una envidiable línea de inquietud e interés hacia áreas ignoradas
Este texto de Clouzet, publicado en Francia hace algunos años, arroja, mejor dicho, hubiera arrojado en este caso, alguna luz sobre la vida, la obra y el significado de un autor cuya maldición entre nosotros aún no ha sido levantada y cuyos textos más importantes son difíciles de encontrar en castellano o ni siquiera han sido traducidos. Sin embargo, más les hubiera valido a Jean Clouzet y al propio Vian haber quedado inéditos antes de haber sido ferozmente masacrados por una traducción en la que todo aparece trastocado e incluso las palabras más evidentes adquieren. curiosos significados. No es preciso caer en un recuerdo delapsus que se haría interminable y aburrido, aunque quizá convenga investigar sobre los mecanismos que han llevado a la traductora a convertir paté de foie en pasta de oca, repriser de bas (zurcir las medias) en sin posar, en el suelo y poser de gouttieres (colocar canalones) en poner gotitas. Si consideramos, que esta hábil traducción ha sido realizada sobre un autor cuyo lenguaje era frecuentemente traspasado por neologismos de todas clases, expresiones de argot, deformaciones y manipulaciones de toda especie, comprenderemos que el resultado final sea a todas luces un monumento a esa imbecilidadcontra la que Vian luchara durante su corta y prolífera vida. El hecho de que además la traductora haya querido colaborar haciendo rimar los finales de cada verso por procedimientos singularmente peregrinos acaba de completar la imagen de este Boris Vian que en la versión actual (Ediorial Júcar) más parece una venganza que una traducción.



Thursday, December 2, 2010

Boris Vian / Una vida asombrosa

Boris Vian

Una vida asombrosa

A pesar de su salud endeble Boris Vian poseyó el don de la ebriedad, y su vida fue tan fulminante como su muerte. Diríase que nunca dejó de ser un adolescente mitad irónico mitad cínico, y con la suficiente elegancia para saber quitarle trascendencia a la vida, a la obra y a la muerte.
A finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta del siglo pasado el existencialismo se estaba llenando de trascendencia, enfermedad mortal que lo fue convirtiendo en un academicismo. Sartre injertó trascendencia al existencialismo vinculándolo al idealismo alemán, sobre todo a partir de El ser y la nada, y Camus hizo un trabajo paralelo, más que opuesto, vinculándolo al cristianismo, sobre todo a partir de La peste. Pero ya a mediados de los cuarenta el genio asilvestrado de Boris Vian comenzó a arrojar felices ráfagas de vitriolo sobre la doctrina existencialista. Si Sartre decía que "estamos condenados a elegir" Vian decía que "estamos condenados al azar", forma prudente de decir que estamos condenados al caos, y más de una de sus novelas podría parecer el desarrollo de esa tesis que vincula a Vian con la estética (y la moral) del absurdo, que compartió espacio con el existencialismo y que hasta podría considerarse una especie de existencialismo irracionalista.
A diferencia de Sartre y Camus, que fueron sólo escritores, Boris Vian lo fue casi todo en esta vida: ingeniero, novelista, crítico, maestro de ceremonias, poeta, músico, compositor (de múltiples piezas de jazz y de varias óperas), cantante, actor, cineasta, escenógrafo y finalmente director artístico de la casa discográfica Philips, en la época en que decidió dejar la narrativa, en parte por lo mucho que le atacaba la crítica, que nunca le perdonó el haber conseguido que todo el mundo creyera en la existencia real de Vernon Sullivan, presunto autor de color tras cuya firma se ocultaba Vian.
No imaginamos a Sartre y a Camus llevando a cabo operaciones parecidas con su vida y su obra, y es que para hacer lo que hacía Vian hay que estar poseído por el espíritu de la comedia más que por el espíritu de la tragedia. A su manera, Vian representó el existencialismo alegre y ácido, por oposición al existencialismo trascendental y plomizo de Camus y Sartre, y tanto en La espuma de los días como en La hierba roja desplegó toda su ironía, más surrealista que existencialista, para ridiculizar las grandes verdades del existencialismo, que según él sólo eran grandes debido a la inflación que le añadían sus más egregios protagonistas y sobre todo el sumo pontífice Sartre.
Y es que además de "talento salvaje", como hubiese dicho Nietzsche, Boris Vian tenía duende. Lo habitaba un diablo alegre que estaba muy lejos de representar el sentimiento trágico de la vida. Fue uno de esos espíritus desenvueltos y corrosivos que periódicamente agitan la vida de París y sus satélites, y que desde Rimbaud representan toda una tradición en la cultura francesa.
Murió cuando aún no había cumplido los cuarenta de un ataque al corazón mientras veía la versión cinematográfica de Escupiré sobre vuestras tumbas. ¿Murió viéndose a sí mismo, pero deformado y hasta traicionado? ¡Qué ironía! Casi parece la muerte de Narciso.


Wednesday, December 1, 2010

Borges y otros / Grandes sin Nobel




Grandes sin Nobel


¿Por qué importantes escritores nunca recibieron el máximo galardón de la literatura? Es la pregunta que suele rondar estos días de víspera de la entrega del premio. Éste es un homenaje a quienes no necesitaron ese galardón para ser reconocidos, entre ellos Virginia Woolf, Bertolt Brecht, Boris Vian, Jorge Luis Borges y Juan Rulfo.
El Premio Nobel ha pasado a menudo de largo junto a grandes escritores, y los porqués de esos patinazos pueden ser prolijos. De ciertas de esas ausencias más o menos imperdonables puede ahora el lector tener elementos de juicio, con la publicación en bolsillo de algunas de sus mejores obras.
Así, el texto quizá más emblemático de las preocupaciones literarias y sociales de Virginia Woolf (1882-1941), Una habitación propia. Woolf pone sobre el tapete nada menos que la decisiva cuestión de la independencia económica de la mujer, condición sin la que ella propugna que no habrá liberación ni nada que se le parezca. La obra es una sabia mezcla de autobiografía, análisis sociológico y crítica literaria.
Bertolt Brecht (1898-1956) fue toda su carrera personaje polémico: comunista mucho más libertino que sus epígonos, tanto su teatro como su poesía y sus relatos breves transmiten ironía y puntería. Es un denunciador. Y en lo teatral (con los tres volúmenes que ahora se publican de su producción dramática) consiguió proponer todo un lenguaje y una arquitectura de la representación y del trabajo actoral.
El narrador y dramaturgo francés Boris Vian (1920-1959) ejerció como personaje y como autor una vitalista influencia en sus contemporáneos. En Las hormigas, publicado en 1949, se reúnen once excelentes relatos cortos suyos, que permiten sumergirse en una escritura sarcástica, cortante y desde luego hostil a los topicazos y a los adoradores de topicazos.
Entre los escritores latinoamericanos hay dos nombres que sobresalen, y que se editan permanentemente: el argentino Jorge Luis Borges (1899-1986) y el mexicano Juan Rulfo (1917-1986).
Una habitación propia. Virginia Woolf. Traducción de Laura Pujol. Booket. Barcelona, 2005. 189 páginas. 11,06 euros. Schweyk en la II Guerra Mundial. El círculo de tiza caucasiano. Bertolt Brecht. Traducción de Miguel Sáenz. Alianza Editorial. Madrid, 2005. 209 páginas. 7 euros. Piezas en un acto. Bertolt Brecht. Traducción de Miguel Sáenz. Alianza Editorial. Madrid, 2005. 173 páginas. 7 euros.El interrogatorio de Lúpulo. El alma buena de Sezuán. El señor Puntila y su criado Matti. Bertolt Brecht. Traducción de Miguel Sáenz. Alianza Editorial. Madrid, 2005. 273 páginas. 7 euros. Las hormigas. Boris Vian. Traducción de J. B. Alique. Alianza. Madrid, 2005. 208 páginas. 7 euros.