Saturday, October 16, 2010

Jorge Teiller / Carta a Mariana

Foto de Miranda Lehman

Jorge Teiller
Carta a Mariana


¿Qué película te gustaría ver?
¿Qué canción te gustaría oír?
Esta noche no tengo a nadie
a quien hacerle estas preguntas.

Me escribes desde una ciudad que odias
a las nueve y media de la noche.
Cierto, yo estaba bebiendo,
mientras tú oías Bach y pensabas volar.

No creí que iba a recordarte
ni creí que te acordarías de mí.
¿ Por qué me escribiste esa carta?
Ya no podré ir solo al cine.

Es cierto que haremos el amor
y lo haremos como me gusta a mí:
todo un día de persianas cerradas
hasta que tu cuerpo reemplace al sol.

Acuérdate que mi signo es Cáncer,
pequeña Acuario, sauce llorón.
Leeremos libros de astrología
para inventar nuevas supersticiones.

Me escribes que tendremos una casa
aunque yo he perdido tantas casas.
Aunque tú piensas tanto en volar
y yo con los amigos tomo demasiado.

Pero tú no vuelves de la ciudad que odias
y estás con quién sabe qué malas compañías,
mientras aquí hay tan pocas personas
a quien hacerles estas simples preguntas:

«¿Qué canción te gustaría oír,
qué película te gustaría ver?
¿ y con quién te gustaría que soñáramos
después de las nueva y media de la noche?».






Friday, October 15, 2010

Chuck Yeager / La palabra miedo no entra en mi vocabulario

Una leyenda

Audaz aviador, as de caza con 13 derribos de aeroplanos alemanes en la II Guerra Mundial, combatiente en Vietnam y osado piloto de pruebas, el general del arma aérea estadounidense Chuck Yeager (Myra, Virginia, 1923) es una leyenda viviente de la historia de la aviación.

ENTREVISTA:CHUCK YEAGER | LEYENDA DE LA AVIACIÓN

"La palabra miedo no entra en mi vocabulario"

JACINTO ANTÓN Sort 15 OCT 2010 - 04:30 CET

Es el hombre al que más veces se le ha preguntado si tiene lo que hay que tener. Retóricamente, por supuesto: lo tiene. "La palabra miedo no entra en mi vocabulario", asegura. Audaz aviador, as de caza con 13 derribos de aeroplanos alemanes en la II Guerra Mundial (cinco el mismo día), combatiente en Vietnam y osado piloto de pruebas, el general del arma aérea estadounidense Chuck Yeager (Myra, Virginia, 1923) es una leyenda viviente de la historia de la aviación y de la Historia a secas. Ha tripulado más tipos de aviones -amigos y enemigos- que nadie en el mundo, entre ellos los más extraños y peligrosos prototipos, y, sobre todo, pese a la controversia, está acreditado como el primero que rompió la barrera del sonido, el muro sónico (bum), en el famoso Bell X-1, volando sobre el Mojave a velocidad Mach 1 (1.225 kilómetros por hora), el 14 de octubre de 1947, hace ahora justo 63 años.
Hace 63 años fue el primer hombre en volar más rápido que el sonido
Yeager, que tiene un papel esencial en el libro de Tom Wolfe sobre la aventura aeroespacial de los EE UULo que hay que tener(Anagrama) -Wolfe lo describió para siempre como "el más honorable de todos los poseedores de lo que hay que tener"- y en su versión cinematográfica Elegidos para la gloria (donde lo encarnaba Sam Shepard, nada menos), se encuentra estos días en Sort (Lleida). Aquí, el Memorial Democrático de Cataluña y el Ayuntamiento de la localidad rindieron ayer homenaje a Yeager y a todos los aviadores aliados evadidos a través de los Pirineos durante la II Guerra Mundial, gente sin duda con suerte. El entonces joven piloto de 21 años fue derribado el 4 de marzo de 1944 cerca de Angulema por un Focke Wulf 190 y la resistencia francesa consiguió pasarlo a España. Tras penosas experiencias, Yeager arribó a Sort y luego, gracias a gestiones diplomáticas, pudo regresar a Gran Bretaña para seguir volando y combatiendo.


Aquel día del derribo, Yeager tripulaba un caza P-51 Mustang con el nombre de la que sería su primera mujer, Glennis, fallecida en 1990, en el fuselaje. Dado que llega precedido de su fama de hombre de carácter y carente del defecto de la modestia -"soy condenadamente bueno, y si existe el mejor, resulto como mínimo un buen candidato"-, parece buena idea propiciarlo, así que le llevo de regalo un modelo a escala de Mustang -"Cadillac del cielo", que diría Jim Ballard-. Se muestra extremadamente cordial. "He volado en todo en todas partes, 360 tipos diferentes de aviones, unos mejores que otros, pero el Mustang ha sido para mí especial, me gustaba mucho, piloté varios en la II Guerra Mundial, siempre les ponía de nombre Glamorous Glennis".
Entre los récords de Yeager, está haber sido uno de los primeros aviadores aliados que derribó un Messerchsmitt Me-262, el rutilante reactor alemán. "Bueno, no fue muy deportivo", dice quitando importancia con una de sus grandes manos -las manos que han disparado, han sufrido quemaduras y han empuñado firmemente los mandos en los picados más extremos-. "Lo abatí mientras aterrizaba, porque en el aire era frustrante, no podías cogerlos, además procuraban evitar los dogfigths e iban a por los bombarderos. Le fui por detrás y le disparé; se estrelló en una nube de polvo y humo. Hubiera preferido tumbarlo en combate aéreo al hijo de puta, pero no fue fácil, con toda la artillería antiaérea de su base tirándome".Yeager tuvo la ocasión de pilotar un Me-262 capturado y más tarde otro letal enemigo y aparato histórico, el Mig 15 de la guerra de Corea. "El jet alemán no lo considero un buen avión y el Mig, aunque apreciable, era una máquina estrafalaria y ruda que mató a un montón de sus propios pilotos porque entraba en barrenas de las que era imposible recuperarlo".

Sam Shepard y Chuck Yeager
Para él, el mejor avión alemán de la II Guerra Mundial era el Focke-Wulf 190, "pero llegó muy tarde". Yeager recuerda combates estremecedores: "En una ocasión vi llegar lo que parecía una nube, era una masa de dos centenares de cazas enemigos. Mi escuadrilla derribó 55". El aviador ha sido amigo de varios pilotos alemanes, como Galland y Steinhof. "Eran buenos tipos, luchaban por su país, yo por el mío: cuando combates no odias a los pilotos rivales, destruyes los aviones". Con el primero explica que fue a cazar en varias ocasiones. También cazó perdices con Franco, cuando estuvo destinado con los Super Sabres en las bases de Morón, Torrejón y Zaragoza. Pero no quiere hablar de ello, ni de la España que conoció: "No me meto en política, no es mi trabajo", sentencia.
Nacido en un ambiente rural de los Apalaches -de niño hacía puntería alcanzando invariablemente a las ardillas en la cabeza-, a Yeager le encantan la caza y la pesca: opina que las truchas del Noguera Pallaresa no pueden competir con los salmones de Alaska. Su legendaria vista sigue bien y recuerda que su madre leía el periódico a los 94 sin gafas.
Le pido que explique cómo fue el día mítico en que se apuntó cinco derribos de cazas alemanes y se convirtió en as. "Sí, ace in a day", dice mostrando luego con las manos -al puro estilo piloto de caza- la forma en que se produjeron las acciones. "Dos de las victorias fueron sin disparar, el piloto de un Me-109 giró bruscamente al colocarme en su cola y chocó contra el de al lado". ¿Qué se siente al matar a otros aviadores? "Era una cuestión simple: esos aviones atacaban a nuestros bombarderos y nosotros los protegíamos. No era personal. No pensabas que estabas matando a otra persona".
¿Nunca ha tenido miedo de nada Chuck Yeager? "No", responde sin dudarlo, un instante, como si fuera lo más natural. "El cielo no es un buen sitio para tener miedo, no hay tiempo para esas cosas. Si tienes miedo pierdes segundos que te puede salvar". Inútil pues hablarle de Milton, de la terrible poesía de la caída, del vértigo. Yeager parece confundido. No es un hombre refinado. Es un piloto nato, que llegó a volar gracias a la guerra. Empezó como mecánico de aviones. Su padre le dio dos consejos cuando a los 21 años se enroló en el ejército: "No juegues y nunca te compres una camioneta que no sea General Motors". Reconoce que no es ducho en historia ni ha leído mucha literatura sobre aviación. Ni Saint-Exúpery, ni Beryl Markham, ni James Salter. Puestos a citar un libro, menciona su autobiografía, Yeager (1985), un best seller en EE UU.
"He leído algunos libros de aviadores y el problema siempre es el mismo, es difícil recordar el pasado y en general mienten. Incluso hay quienes dicen que yo no fui el primero en romper la barrera del sonido, que lo hicieron un piloto de Me-262 u otros. Pero no hay ninguna documentación, no hay evidencias". Yeager se refiere al alemán Mutke, que habría roto la barera en abril de 1945 con su reactor y a George Welch que le habría precedido en un mes volando con un Sabre (véaseAces Wild, the race for Mach 1), de Al Blackburn (1999), un libro que Yeager considera lleno de falsedades.
¿Qué tal fue su día supersónico? "El X-1 fue lanzado desde un B-29. En el momento de la ruptura de la barrera no noté nada especial; fue muy suave, la aguja del machómetro saltó fuera de escala; antes hubo un bamboleo, un temblor, y luego un fluir suave. 1.05 mach. Me sorprendió que no pasara algo más fuerte". Desde luego Yeager no es un romántico. "¿Romántico?, no entiendo qué quieres decir. ¿Emociones del vuelo? Mira hijo, lo hacíamos, volábamos, era el deber. Lo importante es el deber, el deber lo es todo".
¿Qué opina de la gente que tiene miedo a volar? "¿Pilotos?". No, pasajeros. "Ah, que no vuelen, no pasa nada. Y si han de hacerlo, que sepan que no hay razón para tenerle miedo al avión. Los pilotos ya nos preocupamos de que no se caiga, por la cuenta que nos trae". ¿Qué le pareció Elegidos para la gloria? "Así, así, demasiado larga. Pero lo que explica Tom Wolfe es verdad: los primeros astronautas eran pilotos de pruebas de las Fuerzas Armadas. ¿Porqué no fue él astronauta? "Porque no tenía estudios, no pasé de la escuela". Lo dice sin ambages. Su mujer desde 2003, Victoria, 36 años más joven, que también pilota, le echa un cable. "Y...". "Y porque no quería limpiar la mierda de mono". Ambos ríen con la broma: los astronautas no eran entonces pilotos sino simples pasajeros, para lo que hacían era igual que el cosmonauta fuera un mono, como lo fue, de hecho, el primero, el macaco Albert, en 1948. "Ser astronauta era muy aburrido, pero se llevaron la gloria".
En algunas cosas Yeager es muy conservador pero no en su opinión sobre las mujeres piloto: "No hay diferencia, he volado y he sido amigo de varias grandes aviadoras, como Jackie Cochran, colega de Amelia Earhart o Pancho Barnes (Florence Lowe). Las admiro mucho". ¿Cuál ha sido el momento más hermoso de su vida en el aire?, insisto. El viejo piloto pone cara de perplejidad. "No sabría decir, cumplir el objetivo, eso es lo mejor, sí, eso es". Yeager, con 87 años, sigue volando. "Skill, stamina and courage, man".





Wednesday, October 13, 2010

Gonzalo Rojas / Tacto y error

Autorretrato, 1972
Pablo Picasso

Gonzalo Rojas
BIOGRAFÍA

TACTO Y ERROR

Por mucho que la mano se me llene de ti
para escribirte, para acariciarte
como cuando te quise
arrancar esos pechos que fueron mi obsesión en la terraza
donde no había nadie sino tú con tu cuerpo,
tú con tu corazón y tu hermosura,
y con tu sangre adentro que te salía blanca,
reseca, por el polvo del deseo,

oh, por mucho que tú hayas sido mi perdición
hasta volverme lengua de tu boca,
ya todo es imposible.
                                 Hubo una vez
un hombre, una vez hubo
una mujer vestida con la U de tu cuerpo
que palpitaba adentro de todas mis palabras,
los vellos, los destellos;
                                    de lo que hubo aquello
no quedas sino tú sin labios y sin ojos,
para mí ya no quedas sino como la forma
de una cama que vuela por el mundo.

Tuesday, October 12, 2010

Gonzalo Rojas / Enigma de la deseosa

El sueño
Pablo Picasso
Boisgeloup, 24 de enero de 1932
Nueva York, colección Mrs. Victor W. Ganz
Gonzalo Rojas
BIOGRAFÍA
ENIGMA DE LA DESEOSA

Muchacha imperfecta busca hombre imperfecto
de 32, exige lectura
de Ovidio, ofrece: a) dos pechos de paloma,
b) toda su piel liviana
para los besos, c) mirada
verde para desafiar el infortunio
de las tormentas;
                           no va a las casas
ni tiene teléfono, acepta
imantación por pensamiento. No es Venus;
tiene la voracidad de Venus.


Monday, October 11, 2010

Gonzalo Rojas / Qué se ama cuando se ama


Fotografía de Mapplethorpe

Gonzalo Rojas
¿QUÉ SE AMA CUANDO SE AMA?


Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida
o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, que se halla, qué
es eso : amor? ¿ Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raíces?


¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces
de eternidad visible?


Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.




Sunday, October 10, 2010

María Ángeles Pérez López / La respiración poética de Gonzalo Rojas


María Ángeles Pérez López

El pneuma y lo inhablable en la respiración poética de Gonzalo Rojas




El aliento poético de Gonzalo Rojas es entrecortado. Se distiende por el insistente empleo del versículo, especialmente al comienzo de poema («Culebra o mordedura», «Qué bueno ir lejos en el cuerpo de las mujeres hermosas», «Trotando a Blake», «Desocupado lector»), mientras que en otros poemas se contrae dando lugar a formas versales y estróficas breves, como ocurre en «Vocales para Hilda», «Éxtasis del zapato», «Olfato» o «Asma es amor». En este poema, «Más que por la A de amor estoy por la A/ de asma, y me ahogo/ de tu no aire», dice Rojas. La a que enlaza con la ansiedad y la angustia, con el Angst alemán, conecta además con la propia biografía del chileno y con las nociones clásicas de rhythmus y de numerus.


               De un lado, ha recordado Rojas: «Yo era tartamudo de pequeñito. Me costaba un mundo sacar los vocablos con fonemas duros, la pe, la te, la ka, qué horror, en lugar de leerlos, me inventaba otra palabra suave y hacía jugar mi imaginación. Ése es el taller interno de un poeta». De otro, la noción de numerus es capital en quien ha estructurado su obra en tres, cinco o siete partes a partir de tres vertientes que se corresponden con el Numen, el Eros y lo contingente (ya Oscuro lo organizó en tres partes tituladas «Entre el sentido y el sonido», «Qué se ama cuando se ama» y «Los días van tan rápidos»), lo que implica la búsqueda de una cifra poética a través del pneuma como soplo vital. Éste es de carácter sacro y está emparentado estrechamente con el numen como presencia y esencia inefable de lo sagrado, ante el que sólo queda el temblor personal. Así pneuma y numen cruzan sus territorios y establecen una zona fecunda para el chileno: poemas como «La palabra placer», «En cuanto a la imaginación de las piedras», «No haya corrupción», «Conjuro», «A quien pueda importar», «Las hermosas» o «El fornicio» comienzan a partir de versículos memorables —«Te besara en la punta de las pestañas y en los pezones, te turbulentamente besara» («El fornicio»)— que luego dejan paso a formas mucho más contenidas, y la tensión que surge de esa respiración anisosilábica se refuerza porque las pausas versales rompen la unidad sintáctica de nuestra lengua: leemos en «La palabra placer», «De él somos, del/ mísero dos partido/ en dos somos, del/ báratro, corrupción/ y lozanía y/ clítoris y éxtasis, ángeles/ y muslos convulsos».
              El hálito entrecortado convierte en constante la referencia al aire en la obra rojiana («Me levanto a las 4 a ver si todavía hay aire, si hay/ piedra con aire», de «Me levanto a las 4»; «Del aire soy, del aire, como todo mortal» en «Mortal» o su Antología de aire de 1991) y le lleva a afirmar que su ritmo lo ganó «desde la asfixia» («Ejercicio respiratorio», «Aroma», «Caída y fascinación de la historia», «Y nacer aquí es una fiesta innombrable»). Tal como confesaba a Juan Andrés Piña: «Si tú examinas mi palabra poética, te encuentras que a lo largo de ella existe esa trepidación un poco diastólica y sistólica de quien se paraliza y asfixia un poco, y después se desvía».
             El poema «Asma es amor» remite precisamente a una de las características de la obra de Rojas: la percepción del «resuello» o balbuceo del poeta que no puede alcanzar el pneuma, el espíritu que aspira a la unidad. Y ese balbuceo o tartamudeo nos lleva de un lado al movimiento angustiado del asmático en su espiración e inspiración, su apertura y su cierre, mientras que por otro se enraiza en la gran tradición de la poesía mística española, tanto teresiana como sanjuanista y reclama el concepto de inefable, aquello que excede los límites que el lenguaje se esfuerza en derrotar, aunque él prefiera el término «inhablable» porque el primero está cargado de peso retórico y se encuentra ya categorizado, a diferencia del habla, siempre viva. Desde ella se mueve el poeta porque se considera a sí mismo hijo de la oralidad (también por su condición americana), lo que le lleva a buscar al oyente en lugar del lector (así tituló su discurso de recepción del Premio Cervantes 2003: «No al lector: al oyente», declarándose «un defensor de la palabra que se oye y de la comunicación que zumba de los juegos de las vocales, del sentido y significado y del intrasentido vocálico y silábico»), y porque ha articulado una intensa reflexión metapoética acerca de la relación de su obra con el aire. No en vano propuso el poema «La palabra» como «Un aire, un aire, un aire,/ un aire,/ un aire nuevo:/ no para respirarlo/ sino para vivirlo». Decía en «Saludos a Tzara» que «lo que no es aire/ en poesía, ni rotación y traslación, son míseros libros/ oliscos a inmortalidad, pura impostura».



             Quien busca en la oscuridad el enigma (y Oscuro es el título de su tercer libro, que lo dio a conocer a los lectores de nuestra lengua en 1977) es el alumbrado (su libro de 1986), el que persigue una armonía heterodoxa en la que caben tanto Eros y su potencia liberadora como las condiciones, a menudo dolientes, del testigo de la vida inmediata. Para dar cuenta de esa totalidad con su clara vocación de absoluto, en esa apetencia de integración que nombró José Olivio Jiménez, el poeta respira asmáticamente. Esa respiración entrecortada, que es plenamente consciente de su largo parentesco con la tradición poética anterior (la respiración enfática y libérrima de Pablo de Rokha, la lúdica de Vicente Huidobro, la material de Neruda o la despojada de Vallejo), está presente en el conjunto de su obra ya desde su primer libro (el «respiro-asfixia» que Rojas advierte en La miseria del hombre) y pretende un objetivo teleológico: derrotar a la muerte (Contra la muerte es el título de su segundo libro, de 1964). Para ello, la contracción violenta del asmático encontrará su metaforización en la figura del relámpago, una de las más transitadas por el chileno (Del relámpago —1981, 1985—, pues como ha escrito, busca «la realidad detrás de la realidad, pero desde el relámpago», desde «el portento tetrasilábico del relámpago que sigue siendo mi éxtasis»). Del mismo modo que el relámpago recorta su luz brusca y brevemente contra la tormenta, así el versículo que da paso al verso breve, en su trajín angustiado por el pecho, constituye el momento de fulgor que persigue el poeta: fusión de palabra y silencio, de luz y oscuridad, de continuidad y del instante. Rojas, que conoce muy bien la estructura rítmica del idioma, sin embargo opta por el desgarro, la asintonía, la fractura que se establece en el seno del poema, consciente de que la armonía es posible pero pertenece al territorio de lo inhablable, lo que no se puede y no se sabe decir, porque se tiene la certeza de «no alcanzar a decir lo que quiero decir». Y por tanto, que se juega en lo oscuro, ese encuentro con el numen del que hablaba antes y cuya raíz es poética y sacral («La poesía se me da en la órbita de lo sagrado...», ha dicho el poeta).
              Pneuma y numen, soplo inarmónico y tenso de las palabras en el aire para ir al encuentro de lo sacro, de modo que el poema sea el aire que alumbra, como el relámpago, el misterio de la vida en su totalidad, y, claro está, no para respirarlo sino para vivirlo.


http://cvc.cervantes.es/literatura/escritores/rojas/acerca/perez_lopez.htm


Friday, October 8, 2010

Celebridades / Antes y después

Madonna

























Celebridades
ANTES Y DESPUÉS

Meg Ryan, 48


Jane Fonda, 72



Jack Nicholson, 72



Andie MacDowell, 51



Bruce Jenner, 60


Cindy Crawford, 43



Clint Eastwood, 79



Kenny Rogers, 71


Courteney Cox, 45



Diane Keaton, 64



Ellen Barkin, 55


George Clooney, 48


Jessica Lange, 60



Joan van Ark, 66



Al Pacino, 69


Susan Sarandon, 63


Johnny Depp, 46



Julie Christie, 68



Michael Douglas, 65



Meryl Streep, 60



Nick Nolte, 68



Nicole Kidman, 42



Olivia Newton-John, 61


Priscilla Presley, 64


Sharon Stone, 51



Sheryl Crow, 47


Sylvester Stallone, 63




http://www.friki.net/fotos/29297-el-antes-y-el-despues-de-algunas-celebridades.html